"La desinformación...terreno fértil para la manipulación y el engaño" UNIDAD, LUCHA, BATALLA Y VICTORIA

domingo, 2 de noviembre de 2014

DOCUMENTAL: La doctrina del shock

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=_Q7X5pYKi00
La doctrina del shock es la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Naomi Klein identifica como «capitalismo del desastre». Tras una investigación de cuatro años, Klein explora el mito según el cual el mercado libre y global triunfó democráticamente, y que el capitalismo sin restricciones va de la mano de la democracia. Por el contrario, Klein sostiene que ese capitalismo utiliza constantemente la violencia, el choque, y pone al descubierto los hilos que mueven las marionetas tras los acontecimientos más críticos de las últimas cuatro décadas. Klein demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras forma de shock no tan metafóricas: el golpe de la porra de los policías, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles. En este relato apasionante, narrado con pulso firme, Klein repasa la historia mundial reciente (de la dictadura de Pinochet a la reconstrucción de Beirut; del Katrina al tsunami; del 11-S al 11-M, para dar la palabra a un único protagonista: las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad del ciudadano son el siniestro combustible de la economía del shock.

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domingo, 26 de octubre de 2014

DOCUMENTAL: Venezuela Petroleum Company

Historia que relata la privatización de las empresas petroleras venezolanas, y las maniobras de las compañías extranjeras en su búsqueda de mantener el dominio extranjero en tierras latinoamericanas.

Director/Productor: Marc Villa
Año: 2007,  Duración: 80 min.


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sábado, 25 de octubre de 2014

Petróleo en la vida venezolana (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“Nuestra historia petrolera, desde la fundación de la OPEP, está plagada de un sinnúmero de hechos donde las empresas transnacionales tratan de contravenir las decisiones soberanas de los Estados, pretendiendo confiscar o ir en contra de los intereses de esos países”. Rafael Ramírez (2008)

“Si a través del petróleo, utilizando el petróleo como instrumento, como mecanismo, nos neocolonizaron, nos borraron buena parte del alma y de la historia nacional; si a través del petróleo y los negocios petroleros el imperio nos inyectó antivalores hasta la médula, valores contrarios a los de la patria; si valiéndose del petróleo, los vendepatria, la quinta columna, la oligarquía venezolana destrozó los valores nacionales y destrozó buena parte del cuerpo de la nación, ahora nosotros, con la misma medicina, con el mismo petróleo y los trabajadores y el negocio petrolero, vamos a resembrar los valores. La misma medicina, el petróleo, la estrategia petrolera; la misma medicina, el contraataque petrolero.

 “Ahora nosotros tenemos Patria. La revolución bolivariana garantiza, a ustedes compatriotas, que aquí se respetan las leyes venezolanas, y que Petróleos de Venezuela es de los venezolanos, y que esta riqueza estará aquí y la utilizaremos de manera racional, inteligente, para el desarrollo social, la educación, la salud, la vivienda, el urbanismo, el desarrollo económico, la agricultura, la producción de alimentos; en fin, para –como decía Bolívar, desde el Orinoco, en frebrero de 1819-: ‘Darle a todo el pueblo la mayor suma de felicidad posible’. El petróleo de Venezuela es para los venezolanos, para el desarrollo nacional, no es de los gringos ni será más nunca de los gringos”. Hugo Chávez (2008)

En Venezuela, no obstante que desde la antigüedad se conocía la existencia del petróleo (…), fue apenas en 1917 cuando se comenzó a explotar comercialmente, hasta convertirse el país en el primer exportador de petróleo del mundo y en segundo productor hasta el año 1960. En 1917 Venezuela exportó 22.253 metros cúbicos y en 1960 produjo 165.613.395 metros cúbicos, a pesar de la concurrencia al mercado internacional del petróleo de los países del Medio Oriente que había sido interrumpida por el cierre del canal de Suez, motivado por el atentado de las potencias occidentales contra el Estado soberano e independiente de Egipto. De esta enorme producción, Venezuela sólo consumió en 1960, 4.693.000 metros cúbicos de derivados (gasolina, diversas clases, 2.464. 000; kerosene 566.000; diesil-gasoil 788.000; fuel oil 617.000; otros 258.000. El resto de la producción, 160.961.073 metros cúbicos (crudo y derivados), fue exportada. Esa desproporción entre la producción y el consumo interno, y el hecho de que esa materia prima esté controlada por trusts extranjeros que retienen en el exterior más del 40% del valor de la exportación, evidencian la mediatización del país por el capital extranjero que ha obstaculizado su desarrollo económico independiente y determinado la situación de subdesarrollado en que se encuentra.

Al observar que el total de la producción entre los años 1917-59 inclusiva, alcanzó la gigantesca cantidad de 12.824 millones de barriles con un valor de exportación de 83.401 millones de bolívares, sería lógico concluir que los escasos 7 millones de habitantes de Venezuela disfrutan de la más plácida holgura. Sin embargo, no es así y, por el contrario, salvo una escasa minoría que se ha beneficiado, el resto de la población vive en las más lamentables condiciones de miseria. ¿Cómo se explica esta aparente paradoja? Por una parte, el petróleo es extraído del subsuelo, refinado y exportado por grandes consocios internacionales, principalmente los grupos Standard de Estados Unidos y Shell ango-holandés. Por la otra, ha predominado un régimen de apropiación latifundista de la tierra con las consiguientes relaciones de producción que han mantenido a la población rural, casi un 50% de la población total del país, en condiciones de vida infra-humanas. Los grandes propietarios de tierra, los trusts imperialistas y los comerciantes importadores en estrecha alianza han integrado, en la pirámide de la sociedad venezolana, la cúspide que extorsiona y explota a la gran masa de la población, pesando sobre el campesino la más dura carga. Salvador de la Plaza (1962) El petróleo en la vida venezolana.

Durante la década 1960-1970 la actividad petrolera constituyó, en el marco de las contradicciones nacionales e internacionales, un factor generador de perturbaciones y conflictos. Los problemas surgidos en la dinámica de dicha explotación eran concebidos con criterios políticos que, por tendenciosos y convencionales, restringían notablemente la interpretación de sus raíces conflictivas. Esa forma de inteligir tales problemas resultaba casi exclusiva de intereses económicos y políticos aferrados a concepciones incompatibles con la estrategia del desarrollo independiente. El tratamiento dado a la problemática del petróleo correspondía a la razón de un sistema que otorgaba privilegios de decisión y expresión a los factores comprometidos con la perpetuación de su establecimiento. En materia petrolera privaban, por eso, los elementos de enajenación sobre las alternativas trascendentes de contradependencia. Era es un rasgo fundamental del ordenamiento sociopolítico constituido. Dentro del mismo ordenamiento emergían no sólo las desviaciones impuestas por mecanismos de presión que mantenían los consorcios extranjeros del petróleo, sino también los efectos negativos del sector público al actuar como agente transmisor de los trastornos ocasionados por el propio sector de hidrocarburos. Únicamente así podía entenderse que la naturaleza exógena de la industria petrolera imprimiera, en no pocos aspectos, tendencias no democráticas a la gestión del Estado.

No existía, como actitud de los poderes públicos en Venezuela, una estrategia de liberación que contemplase opciones concretas de rescate del petróleo. Los beneficios fiscales de este recurso se empleaban como arbitrios de conservación y no de mudanza estructural de la sociedad venezolana. Diríase que, en calidad de riqueza agotable, no se utilizaba ese recurso en forjar riqueza permanente, sino en mantener un sistema que añadía al subdesarrollo mayores ingredientes de pobreza y degradación social. La aplicación presupuestaria de la renta fiscal petrolera parecía contemplarse en un prospecto elaborado con propósitos de narcosis colectiva. De allí que los ingresos provenientes de su explotación hayan sido destinados-por vía de la perversión del gasto público-al fortalecimiento de las estructuras que fundan la permanencia del subdesarrollo de la economía. Se trataba de una riqueza estratégica aplicada en la estrategia de la negación del desarrollo autónomo, con la coparticipación de un Estado que, intervenido en su actuación, carecía de personalidad soberana, y de los consorcios extranjeros del ramo que han hecho caso omiso de las impugnaciones a sus latrocinios.

Los informes oficiales parecen confirmar el crecimiento económico de la nación en los últimos once años de operaciones petroleras. El producto territorial bruto aumentó de 25 433 millones de bolívares en 1960 a 46 744 millones en 1970. Sin embargo, el crecimiento de la economía-en muchos casos más aparente que real-ni siquiera ha compensado el agotamiento progresivo del recurso irrenovable. Tanto la relación entre el ingreso tributario petrolero y los gastos corrientes públicos y de inversión, como la medida del empobrecimiento nacional, constituyen elementos impresciendibles en la determinación del mayor o menor grado de aprovechamiento de la renta fiscal producida por la explotación de los hidrocarburos. Si se confiere validez, stricto sensu, a la tesis de “sembrar el petróleo”, la evaluación de la inversión del ingreso petrolero debe establecerse mediante la relación que en la estructura del presupuesto nacional mantienen los ingresos procedentes de las actividades extractivas y los gastos públicos de capital. En la medida en que los primeros han excedido a los segundos no ha faltado razón para hablar de un empobrecimiento nacional, puesto que no se ha aplicado a la economía del país la inversión equivalente a la magnitud de los ingresos fiscales percibidos por la explotación y consiguiente agotamiento de la riqueza extinguible. Héctor Malavé Mata (1980) Formación histórica del antidesarrollo de Venezuela.

El auge reciente de los ingresos fiscales por exportaciones petroleras constituye un aspecto que merece especial atención. En septiembre de 1973 el gobierno nacional anunció un superávit fiscal de 1 333 millones de bolívares atribuido al aumento de los ingresos petroleros por el reajuste alcista de los valores básicos de exportación, el complemento por fletes y el incremento del precio de la regalía. (…) Debe sin embargo observarse que el incremento estimado para el año 1973 no se originó únicamente en el ajuste ascendente de los valores de exportación, sino tambié en el aumento de la producción de hidrocarburos en los primeros nueve meses de ese año (equivalente a 164 000 barriles diarios) en comparación con el año 1972. El excedente de los ingresos petroleros percibidos por la nación en 1973 se derivó en parte de una mayor extracción de petróleo frente a las crecientes exigencias de los mercados internacionales, con lo cual parecía restablecerse peligrosamente la alternativa de elegir mayores ingresos inmediatos a costa de una mayor producción de hidrocarburos. De tal manera el excedente de la renta fiscal petrolera era sobrestimado en una proporción similar al aumento de la producción con fines comerciales. Héctor Malavé Mata (1980) Formación histórica del antidesarrollo de Venezuela.

Aunque su participación en el mercado mundial se ha reducido a la mitad de los años sesenta, Venezuela es todavía, en 1970, el mayor exportador de petróleo. De Venezuela proviene casi la mitad de las ganancias que los capitales norteamericanos sustraen a toda América Latina. Este es uno de los países más ricos del planeta y, también, uno de los más pobres y uno de los más violentos. Ostenta el ingreso per capita más alto de América Latina, y posee la red de carreteras más completa y ultramoderna; en proporción a la cantidad de habitantes, ninguna otra nación del mundo bebe tanto whisky escocés.  Las reservas de petróleo, gas y hierro que su subsuelo ofrece a la explotación inmediata podrían multiplicar por diez la riqueza de cada uno de los venezolanos; en sus vastas tierras vírgenes podría caber, entera, la población de Alemania o Inglaterra. Los taladros han extraido, en medio siglo, una renta petrolera tan fabulosa que duplica los recursos del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa; desde que el primer pozo de petróleo reventó a torrentes, la población se ha multiplicado por tres y el presupuesto nacional por cien, pero buena parte de la población, que disputa las sobras de la minoría dominante, no se alimenta mejor que en la época en que el país dependía del cacao y del café. Caracas, la capital, creció siete veces en treinta años; la ciudad patriarcal de frescos patios, plaza mayor y catedral silenciosa se ha erizado de rascacielos en la misma medida en que han brotado las torres de petróleo en el lago de Maracaibo. Ahora, es una pesadilla de aire acondicionado, supersónica y estrepitosa, un centro de la cultura del petróleo que prefiere el consumo a la creación y que multiplica las necesidades artificiales para ocultar las reales. Caracas ama los productos sintéticos y los alimentos enlatados; no camina nunca, sólo se moviliza en automóvil, y ha envenenado con los gases de los motores el limpio aire del valle; a Caracas le cuesta dormir, porque no puede apagar la ansiedad de ganar y comprar, consumir y gastar, apoderarse de todo. En las laderas de los cerros, más de medio millón de olvidados contempla, desde sus chozas armadas de basura, el derroche ajeno. Relampaguean los millares y millares de automóviles último modelo por las avenidas de dorada capital. En vísperas de las fiestas, los barcos llegan al puerto de La Guaira atiborrados de champaña francesa, whisky de Escocia y bosques de pinos de Navidad que vienen de Canadá, mientras la mitad de los niños y los jóvenes de Venezuela quedan todavía, en 1970, según sus censos, fuera de las aulas de enseñanza. Eduardo Galeano (1971). Las venas abiertas de América Latina


Notas:
Salvador de la Plaza (1962) El petróleo en la vida venezolana.
Héctor Malavé Mata (1980) Formación histórica del antidesarrollo de Venezuela.
Eduardo Galeano (1971). Las venas abiertas de América Latina


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Petróleo y política (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“La estrecha relación entre el petróleo y la política en Venezuela es un hecho harto conocido, así lo demostraron, desde principios del siglo XX, la instalación de la feroz dictadura de Juan Vicente Gómez, para dar paso al dominio y consolidación de la explotación petrolera en manos de las empresas transnacionales; el derrocamiento del presidente Isaías Medina Angarita, luego de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1943; la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, el periodo de la democracia representativa, la Nacionalización de 1975, el derrumbe de la IV República y el advenimiento de la V República”. Rafael Ramírez C.

“Con el petróleo no debe hacerse “politiquería”. El petróleo, por estar intrínsecamente soldado a la independencia y soberanía de la Nación, involucra un problema que no debe ser objeto de combinaciones electoreras. El petróleo es un problema de tal envergadura y magnitud que frente a él, a la solución que plantea, no puede haber otra posición que la de defenderlo contra quienes lo tienen acaparado y contra quienes se identifican con esos acaparadores que han estado saqueando el país y tienen propósito de continuar saqueándolo. En el fondo, y en la esencia del diálogo, quien ha estado presente en la Nación, desgarrada, atropellada y esquilmada por los trusts y por los criollos antinacionales que de una u otra manera, abierta, encubierta o mesuradamente sirven a la ‘industria privada petrolera’, presionando para que le sean creados ‘incentivos’ y ‘estímulos’, para que sean entregadas a los trusts las Reservas Nacionales petroleras, para que Venezuela no desarrolle su propia industria petrolera y extraiga, refine, trate, transforme y venda en el interior y en el exterior el petróleo y el gas, los productos propiedad de la Nación”. Salvador de la Plaza (1963)

En torno a la pugna por el petróleo ha habido guerras en el mundo, han caído o ascendido gobiernos, y se han tejido en general toda clase de enconadas-y con frecuencia sórdidas luchas por el poder. En nuestro país por ejemplo, a principios de siglo, al gobierno de Cipriano Castro le tocó lidiar con una rebelión financiada por la compañía asfaltera New York & Bermúdez Company, a raíz de un conflicto con la misma; situación que produjo la ruptura de relaciones por parte de Estados Unidos y la propiciación activa de ese país del derrocamiento del gobierno de Cipriano Castro en 1908, para dar paso a la dictadura de Juan Vicente Gómez, mediante la cual el dominio petrolero se entronizaría en Venezuela”.

En las primeras décadas del siglo XX comienza uno de los períodos más importantes de la historia económica y social de Venezuela, porque en él se establecen los elementos fundamentales de la transformación estructural de nuestro país. En ese período la economía nacional continúa en íntima conexión con el mercado capitalista mundial- y de él depende- la propiedad latifundista se incremente a expensas de las tierras de dominio público, y cualitativamente continúa predominando la producción agropecuaria. Pero -esto es lo nuevo- se multiplican las inversiones de capital financiero internacional, se desarrollan de modo incipiente algunos sectores de la industria liviana y, en lo fundamental, se configura una estructura económica que impone a Venezuela la condición de área dependiente de los países imperialistas, cuya política es expresión de las necesidades de los monopolios. Federico Brito Figueroa (Historia económica y social de Venezuela (T.II)

La estructura geológica del subsuelo venezolano, la situación económica, social y política que impera en Venezuela en la primera década del siglo XX, facilitan las inversiones de capital  financiero monopolista en el recurso natural hidrocarburos y, en consecuencia, el fortalecimiento de la penetración imperialista, cuyos antecedentes, en el caso de nuestro país, se remontan hasta los últimos años del siglo XIX, aunque solamente se manifiesta con fuerza a partir de 1900, cuando en los países imperialistas –Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos- se observa el dominio cualitativo de las formas económicas capitalistas de monopolio sobre las típicas del capitalismo de libre concurrencia.

Las condiciones políticas imperantes en Venezuela favorecieron la distribución del subsuelo entre los amos del capital financiero internacional. El país (después de un siglo de guerras sucesivas, primero de la Independencia y luego las llamadas civiles) estaba políticamente dominado por una despótica camarilla de caudillos originarios de la región andina, identificados, como los antiguos régulos militares, con las clases sociales que desde las primeras décadas del siglo XIX fungían de rectoras de la sociedad venezolana. Un siglo de saqueo de los bienes públicos no había bastado para satisfacer sus apetitos de riqueza y (habiendo perdido el sentimiento patriótico nacional manifestado, por ejemplo en la guerra de Independencia) facilitaron, sin escrúpulo alguno, la penetración de los colonizadores contemporáneos.

Reflexión necesaria:

La naturaleza de la alta gerencia quedó abiertamente al descubierto cuando engancharon a PDVSA al golpe de Estado de los empresarios y generales neofascistas, el 11 de abril de 2002, sumando a la empresa al paro golpista mediante atentados y sabotajes.

Los gerentes de PDVSA se unieron a una conspiración dirigida a abolir la Constitución Nacional y derrocar al Presidente Chávez. Fue una acción premeditada en complicidad con un grupo de generales golpistas y la cúpula empresarial. Tenían como finalidad que el gobierno usurpador consagrara la condición de Pdvsa como “empresa-estado”, sin control gubernamental, paso para la privatización y entrega al dominio extranjero.

La paralización de la industria petrolera se llevó a cabo mediante la imposición y la violencia. Al no contar con el apoyo de los trabajadores, los gerentes se dedicaron a sabotear las instalaciones: refinerías, salas de bombeo, pozos petroleros, plantas de gas, oleoductos, transportes, buques petroleros, etc. El 7 de abril fue dañada la refinería de El Palito, en Morón, que produce 130.000 barriles diarios de gasolina. Simultáneamente, cerraron los accesos a los llenaderos de Yagua y Barquisimeto, con lo que bloquearon el transporte de combustible, dejando sin abastecimiento de gasolina al 35 por ciento del país. Al día siguiente, redujeron la producción de la refinería de Amuay, en Paraguaná, Falcón, la más grande del mundo, con una producción de 570.000 barriles diarios. En Anzoátegui, fue saboteada la planta de gas de Anaco que afectó el suministro de energía eléctrica. Uno de los golpes más severos fue el cese de los embarques de petróleo. Más de 10 millones de barriles dejaron de colocarse en el mercado internacional con las considerables pérdidas de ingresos al país.

Los gerentes no ocultaron su afinidad con el gobierno usurpador de Pedro Carmona. Cuando vieron al Presidente Chávez, prisionero de los golpistas y derribada la Constitución y las instituciones democráticas, una asamblea de gerentes y empleados de confianza de PDVSA, declaró abiertamente sus decisiones. Comenzaron con el Presidente Hugo Chávez: “Usted., Sr. Chávez, se va fuera. Lo despedimos. Está fuera”. Enseguida  tomaron otras decisiones: “Declaramos que el convenio comercial con –Cuba, queda roto. Ni un solo barril de petróleo irá a Cuba”. Después tomaron una decisión sobre la OPEP: “Declaramos que no estamos sujetos a ninguna limitación a la producción”. Por primera vez, una empresa del Estado tomaba decisiones sobre política de la competencia del Estado.

El fracaso del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, no condujo a la derrota de la contrarrevolución. La política de impunidad desarrollada a favor de los golpistas por el Tribunal Supremo de Justicia, la complicidad de los fiscales del Ministerio Público y muy especialmente la sistemática y abrumadora campaña de incitación a la violencia, a la desobediencia y al golpe de Estado por parte de los medios de comunicación, debilitaron al Gobierno Revolucionario y que llevó a la pronta recuperación de los cabecillas de la contrarrevolución.

En diciembre de 2002, volvieron a montar un poderoso aparato de agresión contra la Constitución y el Presidente Chávez. Esta vez con los gerentes de PDVSA, jugando el principal papel. La convocatoria de FEDECÁMARAS y la mafia sindicalera adeco-copeyana al paro comercial, industrial y laboral fracasó ruidosamente. A la gerencia petrolera le correspondió asumir la conspiración, también esta vez mediante el sabotaje y los atentados terroristas y con la evidente participación beligerante de agencias y mercenarios extranjeros.

Los gerentes petroleros lograron de nuevo causar daños considerables a refinerías, salas de bombeo, plantas de gas, pozos petroleros y las más diversas instalaciones de la industria. El golpe principal fue dado al paralizar los buques tanques petroleros y el suministro de gasolina. La acción de los buques tanques fue posible porque hubo un abierto soborno de capitanes y oficiales con financiamiento de agencias y “fundaciones” de Estados Unidos y la intervención de empresas de seguros, armadores, etc., de origen norteamericano y europeo.


La derrota de los gerentes petroleros fue una verdadera proeza, porque PDVSA se había constituido en una fortaleza inexpugnable, dominando el corazón y músculo de la economía venezolana, con apoyo de la cúpula empresarial, las mafias sindicaleras, los partidos de la vieja política puntofijista, el poder avasallante de los medios de comunicación y del respaldo político y económico de conocidos círculos de la ultraderecha de Estados Unidos y España. PDVSA, era la “quintacolumna” de los enemigos implacables de la soberanía e independencia de Venezuela, infiltrados para apuñalarnos por la espalda en la primera ocasión propicia que se presentara, no la desperdiciaron.
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Modelo económico de los 70 en Venezuela (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
Según Francisco Mieres, el escenario de la política económica durante los años 70 vendrá a expresarse espectacularmente en la explosión de precios petroleros de 1973-74 y en las nacionalizaciones de 1975-76, hierro y petróleo respectivamente. Estos fenómenos darán a lugar a obvias repercusiones que esquematizaremos a continuación:

a)    Gran incremento en los ingresos de divisas.
 b)    Cuadruplicación de los ingresos fiscales.
 c)    Multiplicación paralela de gastos fiscales.
 d)    Consumismo de lujo desmesurado, parasitismo y corrupción sin precedentes.
 e)    Multiplicación de importaciones.
 f)     Incremento explosivo de la inflación.
 g)    Condonación y créditos adicionales de reforzamiento al oligopolio privado.
 h)    Incremento considerable en la cuantía del mercado interno.
 i)      Medidas sociales paliativas de tipo populista.
 j)      Reforzamiento del papel económico del sector público.
 k)    Asociación con el capital privado nacional y foráneo.
 l)      Incremento de las inversiones estatales (petroquímica, siderúrgica, hidroelectricidad, etc)
 m)  Proliferación de los nexos y formas de dependencia tecnológica respecto a las transnacionales.

Efectos socioeconómicos aberrantes
“El consumismo desenfrenado y la corrupción administrativa, pública y privada, se manifestaron en la proliferación de zonas francas, el contrabando, el turismo fronterizo, el tráfico de drogas y el incremento de la delincuencia general; incluso las zonas fronterizas habitadas por los indígenas han sido objeto de despojo intensificado y de degradación mercantilista.

“Este proceso condujo al enterramiento de la reforma agraria, al aplastamiento de la agricultura campesina debido a las facilidades de importación de equipos y al otorgamiento de subsidios para la agricultura oligopolista, todo lo cual no hizo sino acentuar la migración rural junto con manifiestos excesos de desertificación y destrucción por un lado, y de otro hiperurbanización en la zona metropolitana capitalina, con la degradación ecológica típica de las megalópolis del tercer mundo.

“Aunque aumenta notoriamente la utilización de la capacidad nstalada y en la fase eufórica de grandes inversiones se multiplica el empleo urbano, ello no se traduce en alivio sobre los precios, pues a la creciente inflación importada se añaden las presiones inflacionarias derivadas de los descomunales incrementos del gasto público interno aunado a su escasa productividad. Por ello gran parte de la insólita inyección de ingresos fiscales tiende a disiparse en aumentos de precios y en despilfarro puro y simple, y toma camino al exterior, no sólo para pagar las importaciones acrecentadas en volumen y en precios, sino también para sufragar las partidas crecientes de regalías tecnológicas, de gastos extravagantes de la opulenta minoría venezolana, y para multiplicar la fuga de fondos a cuentas bancarias cifradas en el exterior de políticos o de empresarios con excedentes invertibles en el exterior”. Francisco Mieres

Una nueva variante del subdesarrollo
Tras constatar el fracaso del V Plan de la Nación y de su intento por generar una industrialización autónoma en breve plazo, Mieres establece un Balance: nueva variante del subdesarrollo:

“…Después de eso, padecemos una nueva variante del subdesarrollo, pues si el timón pasó a manos del gobierno, la carta de navegación, las instrucciones y la brújula siguieron siendo de afuera, del gran capital transnacional…Haciendo el recuento de la degradación humana y ambiental que se ha puesto de manifiesto en la fase posterior a la nacionalización, puede afirmarse con toda seguridad que ésta nos ha llevado a una situación mucho peor que la que se sufría en vísperas de la misma”.

A continuación Mieres describe lo que llama el agravamiento de los estragos socioambientales y el rechazo del “modelo” y traza el sombrío panorama de la ‘Venezuela petrolera nacionalizada pero en vías de desnacionalización”. Nunca había sido tan profundo y generalizado en Venezuela el sentimiento de decadencia social y económica, y de frustración política, frente a un despotismo ladino de la aristocracia petrolera ejercida a través de un régimen cuya única virtud es la manipulación tramposa de la opinión pública, explotando la fe cristiana de algunos, la corrupción de dirigentes políticos y sindicales, la credulidad e ignorancia. La dispersión de las organizaciones sociales, con la complicidad ostentosa de los mass media.´

“Tras la descripción minuciosa de las paradojas y contrastes conocidas como ‘la enfermedad holandesa’, bautizada por Pérez Alfonso como ‘efecto Venezuela’ y del papel desnacionalizador, corrupto y manipulador de las minorías dueñas del poder en general y de la vieja gerencia de PDVSA en particular, con la sumisión al capital financiero internacional, Mieres describe los mecanismos del endeudamiento externo y sus efectos devastadores y amplificadores en el plano social y ecológico. Y concluye así su Balance: ‘La búsqueda de caminos hacia una sociedad sustentable comporta la conquista de un paradigma social y económico polarmente contrario al que en estos momentos inspira la política dominante en el país’. Víctor Ríos


Victor Rios: Francisco Mieres, una vida de compromiso. 29 de marzo de 1927-13 de julio de 2008. El Viejo Topo. N° 249. Octubre de 2008
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VIDEO: La Transición Geopolítica Global y el papel de América Latina. Atilio Boron

En esta oportunidad en Comité Socialista de Estudios presentamos la conferencia realizada por el Politólogo y Sociólogo Atilio Borón en el CEIICH UNAM el día 4 de septiembre de 2014 sobre la transición geopolítica global y el papel de América Latina.



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viernes, 24 de octubre de 2014

Restablecimiento del marco fiscal petrolero (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“En los primeros días del mes de octubre del año 2004 el Presidente de la República, en acto público durante su programa Aló Presidente en la refinería de Puerto La Cruz, anunció el ajuste de la tasa de regalía de uno por ciento a 16 2/3 para todos los proyectos de la Faja Petrolífera del Orinoco.

“Nosotros ya sabíamos en aquel momento que, tal como estaba contemplada la figura de arbitraje-y de eso vamos a hablar más adelante, señores de la Asamblea Nacional, y vamos a mostrar documentos sobre qué tipos de convenios y contratos se firmaban aquí en la Cuarta República, en la vieja Pdvsa-ante cualquier decisión soberana del Estado venezolano, comenzamos a actuar preparándonos para un caso de disputa arbitral, para un caso legal.

“Así fue que hicimos el ajuste de las regalías, tal como estaba establecido en la ley que ya estaba vigente en el momento en que se desarrollaron eso acontecimientos, es decir, la Ley de 1943, que en su artículo 41 establecía que, así como la potestad del Ministerio de Energía y Minas era hacer rebajas de las regalías cuando se tratara de campos de difícil explotación, y sobre todo campos maduros, y que violando el espíritu del legislador de aquel momento se utilizó para darle rebajas de regalías hasta el 1% para campos que no tenían todavía operación alguna, es decir, no podían ser de ninguna manera campos maduros; utilizando ese mismo artículo de la Ley, el Ministerio de Energía y Minas ajustó la tasa de uno a 16 2/3”.

“Inmediatamente continuamos avanzando y en el seno de esta soberana Asamblea se sometió la modificación del artículo 57 de la Ley de Impuesto Sobre la Renta, en la cual estaba estipulada la rebaja graciosa que nuevamente la Cuarta República le había dado a las empresas transnacionales, donde se había establecido para muchas actividades una tasa de impuesto no petrolero, pero entre ellas también para los convenios de la Faja.

“La Asamblea Nacional, en conjunto con el Ejecutivo Nacional, introdujo y debatió esa ley y se ajustó la tasa para todos los proyectos petroleros a la tasa vigente de 50%, sin excepción alguna para ningún proyecto. Además, se eliminó un conjunto de excepciones que usaron las empresas transnacionales para evadir de manera sistemática el pago de Impuesto Sobre la Renta, como efectivamente lo determinó nuestro organismo impositivo, el Seniat, en base a las revisiones sucesivas que hizo de las cuentas, tanto de los convenios operativos como de los convenios de asociación de la Faja.

“Luego, en el seno de esta Asamblea se introdujo, en mayo de 2006, la Ley Orgánica de Hidrocarburos para establecer regalías e impuestos de extracción con un piso único para los proyectos y actividades petroleras en el país, que incluían los desarrollados por Pdvsa y las empresas privadas. Esa es la razón por la cual hoy día nosotros tenemos un piso para el concepto de regalías y otros impuestos de 33,33% para todos los proyectos, sin excepción alguna.

“En términos del régimen fiscal para el año 2006, podemos decir que de los niveles de participación en ganancias que tenía el Estado venezolano de 45% del valor bruto del barril-que lo había abatido la apertura petrolera, en los actuales momentos la participación del Estado venezolano en las ganancias por cada barril de petróleo producido es de 85,6%; lo cual, en términos económicos ha tenido resultados extraordinarios para nuestro país”.

Pdvsa aportó 30 mil 172 millones de dólares adicionales al Estado venezolano en el período de enero de 2002 a diciembre de 2007, fundamentalmente por el incremento de las tasas en regalía del 30%, por el conjunto de medidas desarrolladas por el gobierno bolivariano desde la promulgación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Además, producto de las decisiones de ajuste a nuestro marco fiscal, las empresas transnacionales petroleras establecidas en el país aportaron, en el mismo período, ingresos adicionales de 40 mil 408 millones de dólares al Estado venezolano; recursos que de otra manera se hubieran ido en manos de las empresas transnacionales o hubieran sido dilapidados por la meritocracia petrolera en sus inversiones en el exterior. Se trata de quién captura la renta petrolera y en baneficio de quién se dispone la misma”. Rafael Ramírez (2008)


Tomado de: La PDVSA Nacionalista venció a Exxon Mobil imperialista (2009) Ministerio del Poder Polular para la Comunicación y la Información 
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jueves, 23 de octubre de 2014

Ley de Hidrocarburos 1943 (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“En 1943, después de una larga discusión nacional y mediando un convenio entre el gobierno del General Isaías Medina Angarita y las compañías petroleras, con la ‘mediación’ del Departamento de Estado norteamericano, se promulgó la Ley de Hidrocarburos” Carlos Mendoza Potellá (1996)
Con la Ley de Hidrocarburos de 1943 se logró por primera vez establecer en el país un régimen único y uniforme para todas las concesiones de hidrocarburos, tanto para las otorgadas con anterioridad, como las que se concederían posteriormente, mediante el mecanismo de la  conversión. Estableció la posibilidad legal de que los antiguos títulos o contratos fuesen convertidos en nuevos títulos, libres de todo defecto y quedando los anteriores sin vigencia.
Con esto los concesionarios se acogían a la nueva legislación, con sus mayores cargas impositivas, pero el gobierno renunciaba a cualquier reclamo originado por la situación anterior. La duración de todas las concesiones de explotación, las nuevas y las convertidas, se estableció en 40 años contados a partir de esa fecha, es decir, el vencimiento se pospuso para el año 1983, aun cuando algunas de las viejas concesiones estaban ya próximas a su fecha de vencimiento.
La ley no sólo uniformó, sino que también incrementó los impuestos y regalías. Las regalías, por ejemplo, de un máximo de 15%, y promedio de 9%, pasaron a un mínimo de 16,66 % de lo producido medido a boca de pozo, que sólo en casos excepcionales, al declinar la capacidad productiva de los yacimientos, se podría disminuir para preservar el valor comercial de la explotación. Se estableció la soberanía impositiva del Estado, reconociéndole la atribución, por medio de leyes de impuesto sobre la renta, para modificar los tributos. Esta Ley continuó vigente hasta el año 2001 en todo su articulado, con la excepción única del  artículo 3 que fue derogado por un dictamen de la Corte Suprema de Justicia de 1991, a fin de permitir la apertura petrolera de los años 90 del pasado siglo XX, por la vieja PDVSA en detrimento del interés colectivo nacional.
Con el estallido de la II Guerra Mundial, Venezuela aumenta su capacidad de negociación con las transnacionales petroleras. El Presidente Isaías Medina Angarita lidera entonces la reforma impositiva de 1943, lleva a cabo concentraciones populares en todo el país y visita campos petroleros y sedes sindicales y advierte que si no se llegar a producir un acuerdo con estas empresas, la nación decidirá de manera unilateral. Finalmente las compañías “cedieron” y como resultado de las negociaciones se alcanzaron los siguientes compromisos:
·         Las empresas aceptaron someterse a las condiciones establecidas por la Nueva Ley de Hidrocarburos.
·         Se reconoció la soberanía impositiva de la Nación frente a las transnacionales.
·         La regalía que antes se ubicaba en 9% ascendió a 16 2/3%.
·         La tasa de Impuesto Sobre La Renta para la actividad petrolera aumentó a 12%, con lo que, aunado al porcentaje establecido para la regalía y a la aplicación de otros impuestos, el Estado garantizaba 60% de los beneficios obtenidos por la explotación del petróleo.
·         Se fijaron precios mínimos para el cálculo del pago de la regalía.

·         Se obligó a las compañías a construir refinerías en territorio nacional entre 1945 y 1950. (Serie N°6 Plena Soberanía Petrolera. Venezuela actor fundamental en la OPEP. Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo. PDVSA. Octubre de 2007) 
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Decreto de Minería 24 de octubre de 1829 (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“El Libertador Simón Bolívar en su visionario decreto de Quito (1829) estableció que ‘conforme a las leyes, las minas de cualquier clase corresponden a la República’ y advirtió la importancia de ‘asegurarse su propiedad’ porque tales recursos son ‘una de las principales fuentes de riqueza pública’. Tal entendimiento sobre la propiedad de las tierras y el subsuelo tiene una importancia meridiana a la luz del rol que cumple el petróleo en la sociedad global contemporánea. En consonancia con esta visión, el Gobierno Bolivariano de Venezuela ha dado un vuelco revolucionario al sistema de regulación petrolera y al modelo neoliberal de desarrollo, ambos heredados de la IV República”. Rafael Ramírez (2006)
“En Venezuela, conforme el Decreto del Libertador de octubre de 1829, el subsuelo, y por consiguiente el petróleo, el gas, es propiedad de la Nación, a diferencia de otros países, tal los Estados Unidos, en el que el propietario del suelo lo es también del subsuelo, por lo que las legislaciones de hidrocarburos de estos dos países son esencialmente diferentes. En Venezuela, la Ley vigente establece que el Estado, en representación de la Nación, puede proceder directamente a extraer, manipular y vender el petróleo y gas contenidos en los yacimientos u otorgar a particulares concesiones para que los exploten, refinen, etc., previo el cumplimiento de determinados requisitos, el pago de impuestos específicos y generales (el de la Renta) y de entregar al Estado una parte del petróleo que sea extraído-el ‘royalty’-, fijada en 16 2/3 de la producción.
Por causas sobradamente conocidas, el Estado no solamente había renunciado a extraer y manipular directamente el petróleo, sino que, incluso, en lugar de recibir el ‘royalty’, en especie para manipularlo y abastecer el mercado interno, optó por recibir de los concesionarios su equivalente en dinero, política que generó que los grandes trusts extranjeros controlaran desde los comienzos todas las operaciones de extracción, refinación y venta de nuestro petróleo y, por derivación, que interfirieran, obstaculizaran y distorsionaran el desarrollo económico del país, manteniéndolo en situación de permanente subdesarrollo y convirtiéndolo en dependiente económica y políticamente de los países de origen de los trusts concesionarios, principalmente de Estados Unidos”. Salvador de la Plaza (1967)
El 24 de octubre de 1829, el Libertador promulgó en Quito un Decreto de Minería, que establecía tácitamente en su artículo primero que las minas pasaban del dominio de la Real Corona española al dominio de la República, como consecuencia de una declaración expresa emanada de la autoridad legítima: “Conforme a las leyes, las minas de cualesquiera clase, corresponden a la República...”.
La pretensión de las normas del Decreto era, además de la precedente – según rezan sus considerandos–, fomentar la minería, abandonada durante la existencia de la Gran Colombia. Nada más conveniente para una sociedad económicamente exhausta, como era la sociedad grancolombina de 1829, si se quería otorgar seguridad a los ciudadanos y promover el espíritu de empresa, que revalidar la concesión como medio jurídico de acceso a la explotación de las minas, conservando de esa manera la tradición del derecho regalista español. Por ello, en el resto del artículo primero se puede continuar leyendo:
“...cuyo Gobierno las concede en propiedad y posesión a los ciudadanos que las pidan, bajo las condiciones expresadas en las Leyes y Ordenanzas de Minas, y con las demás que contiene este Decreto”. Por otra parte, el artículo 38 del Decreto de Minería estableció que: “Mientras se forma una Ordenanza propia para las minas y mineros de Colombia, se observará provisionalmente la Ordenanza de Minas de Nueva España (...) exceptuando todo lo que trata del Tribunal de Minería y Jueces Diputados de Minas y lo que sea contrario a las Leyes y Decretos vigentes. Tampoco se observará en todo lo que se halle reformada por el presente Decreto”. J. Mora Contreras.
Gracias al Decreto del 24 de octubre de 1829, el Libertador Simón Bolívar transfirió esa soberanía al Estado de la República de Colombia. Después de la desintegración de la Gran Colombia, esa soberanía minera es ratificada varias veces en la legislación venezolana. Desde entonces, varias décadas antes de la aparición de la industria petrolera, los recursos del subsuelo se constituyen en patrimonio colectivo de los venezolanos. Con ese principio legal quedó determinada también la forma como los particulares podían acceder a la explotación de tales bienes colectivos: mediante una concesión otorgada por el Ejecutivo, pagando una cuota proporcional de regalía sobre los volúmenes extraídos y sometiéndose a la soberanía impositiva de los poderes públicos. Y bajo esta estructura formal se organizó la explotación de hidrocarburos en Venezuela y prosperó el “régimen concesionario”, durante cuya existencia el Estado venezolano fue reivindicando, paulatinamente una proporción creciente en los beneficios del negocio petrolero.

Reflexión necesaria:

“En Venezuela, conforme el Decreto del Libertador de octubre de 1829, el subsuelo, y por consiguiente el petróleo, el gas, es propiedad de la Nación, a diferencia de otros países, tal los Estados Unidos, en el que el propietario del suelo lo es también del subsuelo, por lo que las legislaciones de hidrocarburos de estos dos países son esencialmente diferentes. En Venezuela, la Ley vigente establece que el Estado, en representación de la Nación, puede proceder directamente a extraer, manipular y vender el petróleo y gas contenidos en los yacimientos u otorgar a particulares concesiones para que los exploten, refinen, etc., previo el cumplimiento de determinados requisitos, el pago de impuestos específicos y generales (el de la Renta) y de entregar al Estado una parte del petróleo que sea extraído-el ‘royalty’-, fijada en 16 2/3 de la producción.

“Por causas sobradamente conocidas, el Estado no solamente había renunciado a extraer y manipular directamente el petróleo, sino que, incluso, en lugar de recibir el ‘royalty’, en especie para manipularlo y abastecer el mercado interno, optó por recibir de los concesionarios su equivalente en dinero, política que generó que los grandes trusts extranjeros controlaran desde los comienzos todas las operaciones de extracción, refinación y venta de nuestro petróleo y, por derivación, que interfirieran, obstaculizaran y distorsionaran el desarrollo económico del país, manteniéndolo en situación de permanente subdesarrollo y convirtiéndolo en dependiente económica y políticamente de los países de origen de los trusts concesionarios, principalmente de Estados Unidos”. Salvador de la Plaza (1967) 
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