"VENEZUELA SE RESPETA"

domingo, 8 de agosto de 2010

Juan Manuel Santos: La aristocracia regresa a ejercer directamente la Presidencia de Colombia

Fuente: La Radio del Sur
Colombia tendrá este sábado en Juan Manuel Santos a su nuevo presidente por los próximos cuatro años, cuando asuma como tal ante una amplia representación nacional e internacional en la céntrica Plaza de Bolívar.

Santos, economista y administrador, nació en cuna de oro y desde siempre conoció de cerca lo que es el ejercicio del poder.

Nacido en Bogotá el 10 de agosto de 1951, Santos es sobrino nieto de Eduardo Santos, presidente de Colombia entre 1938 y 1942, y primo hermano por partido doble del actual vicepresidente, Francisco Santos (son hijos de dos hermanos con dos hermanas).

Pero la relación del virtual presidente electo con el poder ha girado en gran parte en torno al periodismo: Su acaudalada familia fue durante décadas propietaria del diario "El Tiempo", el principal del país, al que se le vio siempre como uno de los grandes sostenes ideológicos de los gobiernos de derechas.

Así, su abuelo, Enrique Santos Montejo, fue uno de los periodistas más influyentes de la primera mitad del siglo XX, y su padre, Enrique Santos Castillo, y un tío, Hernando Santos, lo fueron de la segunda mitad. Su hermano Enrique Santos Calderón, en su momento una oveja negra que llegó a tener militancia socialista, fue hasta hace poco presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Juan Manuel Santos también pasó por "El Tiempo", en el que ocupó cargos directivos y fue columnista, pero optó por la actividad política y tecnocrática más directa, con la pecularidad de que no participó nunca en unos comicios antes de los actuales. Ya en la década de 1970, muy joven, representaba al país en la Organización Internacional del Café, y tenía una presencia activa.

Al Gobierno llegó por primera vez con el presidente César Gaviria (1990-1994), quien lo hizo ministro de Comercio Exterior. Desde ese cargo, dicen los analistas, fue impulsor de una apertura económica a la que ahora, como candidato, matizó y puso en distancia.

En el siguiente período, de Ernesto Samper (1994-1998), su actuación fue polémica. Según el encarcelado líder paramilitar ultraderechista Salvatore Mancuso, el ahora presidente electo participó en un complot para derrocar el mandatario, entonces su compañero en el Partido Liberal (PL). Santos lo niega y dice que sólo buscaba una salida política para la crisis.

Más tarde fue un duro opositor al gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002), lo que no fue obstáculo para que terminara convertido en su ministro de Hacienda (Economía). Según sus detractores, Santos fue uno de los impulsores de las ventajas que se le dieron entonces a la guerrilla, pero él lo niega y asegura que objetaba internamente esa política.

Tampoco se entusiasmó Santos con Álvaro Uribe, pero luego terminó convertido en uno de sus más radicales seguidores. Incluso dejó el PL para formar su Partido de la Unidad Nacional, que se convirtió en la principal trinchera del uribismo, lo que explica que al final emergiera como el heredero del popular mandatario.

Esos vaivenes, que algunos no dudan en calificar de traiciones, han sido usados por sus detractores para criticarlo y para advertir que la lealtad no ha sido su fuerte. El acusado se defiende asegurando que ha sido coherente y que lo que han variado son las circunstancias.

Santos se posicionó como el heredero casi natural de Uribe en su paso como ministro de Defensa, cargo desde el cual asumió y ejecutó la política de mano dura contra la guerrilla, a la que asestó duros y continuos golpes para beneplácito de un país en el que los insurgentes adolecen de un gran rechazo popular.

Esos éxitos, empero, estuvieron empañados por cuestionamientos de derechos humanos, en especial por los casos conocidos como "falsos positivos", en los que jóvenes inocentes fueron asesinados por militares que, con el fin de acumular méritos, los hacían pasar por guerrilleros.

Las acusaciones no hicieron mella y Santos, que no tiene en el carisma su principal fortaleza, ganó.

Autoproclamado como el fiel seguidor de las políticas de Uribe, su propuesta de unidad nacional se sustenta en dar continuidad al legado de su antecesor.

En el aspecto económico apuesta por lograr un crecimiento del Producto Interno Bruto superior a 5,5 por ciento, al tiempo que promete generar 2,5 millones de empleos y formalizar 500 mil más en cuatro años de gobierno.

Respecto a su estrategia en ese sentido, optó por desmarcarse de Uribe y admitió que este es el "lunar negro" del gobierno saliente.

Sobre el tema tributario se ha comprometido a no elevar las tarifas impositivas y a obtener los mayores recaudos necesarios a través del control a la evasión y la elusión fiscal.

Asimismo, llega a la Presidencia con el reto de recomponer las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, luego que Uribe iniciara una cruzada mediática y política contra el país vecino.

Sobre este particular no se ha pronunciado personalmente, aunque miembros de su gabinete han dado señales de buscar un acercamiento para superar la crisis.

Precisamente este será uno de sus mayores retos una vez llegue a la Casa de Nariño, junto las urgencias que deberá enfrentar como la inequidad social del país, así como las vías que permitan poner fin al prolongado conflicto armado interno.

Para los analistas parece claro que, más que por mérito propio, llegó a la Presidencia por la contar con la bendición de Uribe. Su fuerza es prestada, aseguran expertos, y ese será un factor determinante en el rumbo que le dé a su Gobierno a partir de es sdábado7 de agosto.

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