"VENEZUELA SE RESPETA"

sábado, 9 de octubre de 2010

Ernesto Guevara: Patrimonio de América Latina

Tomado de: La Radio del Sur / Víctor Pérez Galdos
Patrimonio de América Latina y del mundo, más que de un país en específico donde naciera, luchara o muriera, Ernesto Guevara de la Serna ha devenido en símbolo para millones de hombres y mujeres en diferentes partes del orbe y, de manera esencial, fuente de motivación para los niños cubanos que proclaman como aspiración ser como el Che.

Baste en Cuba – y también en diferentes latitudes – tan solo decir Che para identificar de inmediato al Guerrillero Heroico, al hombre que, como proclamó en carta dirigida a sus padres, supo andar con su adarga al brazo dando una contribución a la lucha de los pueblos por su verdadera independencia.

Nacido en 1928 en Argentina, desde muy joven demostró un carácter rebelde, arriesgado, audaz, una férrea voluntad y una gran sensibilidad entre la realidad de los pueblos del continente, la cual apareció en forma directa en los recorridos que hizo tanto por su país natal como por otras tierras de América.

Cuando era estudiante de medicina puso sus conocimientos al servicio de los necesitados, pero después llegó a aquilatar que el mal mayor que lastraba la vida de millones de hombres y mujeres solo podía ser atenuado o curado con profundas transformaciones políticas, sociales y económicas, y que para ello resultaba necesario hacer primero la revolución.

Atento al palpitar de los pueblos en la lucha por una vida más plena, desistió en 1953, después de obtener su título de médico, de viajar a Venezuela, donde un íntimo  amigo podía conseguirle una plaza bien remunerada.

Entonces enrumbó de nuevo por tierras de Latinoamérica y tras recorrer varios países llegó en diciembre de 1953 a Guatemala donde un gobierno nacionalista, democrático, y progresista había desafiado la amenaza de los monopolios norteamericanos.

Varios meses después vivió allí una singular experiencia al ser testigo de cómo mediante el empleo de la fuerza, con la utilización de mercenarios, el imperialismo yanqui aplastaba al gobierno de Jacobo Arbernz, destruía las aspiraciones del pueblo guatemalteco e imponía una dictadura militar.

Ante la situación creada en ese país centroamericano, tanto Ernesto Guevara como otros exiliados – entre los cuales estaban varios cubanos que habían participado junto a Fidel Castro en el ataque a las fortalezas militares el 26 de julio de 1953 – tuvieron que salir de Guatemala.

Con posterioridad, un encuentro casual en la capital mexicana entre el ya identificado como Che – por su procedencia Argentina – y uno de esos jóvenes cubanos, propicio su futura incorporación al grupo revolucionario que se preparaba para regresar a Cuba y proseguir la lucha revolucionaria.

En 1955 Fidel Castro y Ernesto Guevara se conocieron y bastó una conversación de unas horas para que surgiera entre ellos una plena identificación, acrecentada con el decursar de los años.

El 2 de diciembre de 1956 Ernesto Guevara formaba parte del grupo de 82 expedicionarios que llegaron a Cuba a bordo del yate Granma.

En el médico de la tropa muy pronto se evidenciaron cualidades de aguerrido combatiente, hasta que el propio desarrollo de la lucha lo convirtió en uno de los más capaces jefes del Ejército Rebelde, al punto que fue uno de los seleccionados por Fidel Castro para dirigir una columna encargada de la difícil misión de realizar la invasión desde la zona oriental hasta la provincia central de Cuba.

Convertido en una especie de leyenda, después del triunfo de la Revolución el Che caló muy hondo en el corazón del pueblo cubano por su sencillez, modestia, capacidad y plena dedicación al trabajo.

Activo constructor de la sociedad socialista, junto al cumplimiento de las altas responsabilidades que le fueron encomendada solía realizar frecuentes trabajos voluntarios en fábricas, instalaciones portuarias y en áreas agrícolas.

El contacto directo con las masas constituía para él un principio inviolable que cumplía en sus cotidianas visitas a fábricas e incluso compartiendo labores con aquellos que realizaban su faena en condiciones difíciles o peligrosas, como era el caso de las minas de Matahambre en la provincia más occidental de Cuba.

Al Che también se le vio combatir con la palabra en las tribunas internacionales, denunciando la voracidad imperialista y haciéndose eco del sentir de los pueblos en sus luchas contra el sojuzgamiento y la explotación y por el derecho a una vida más plena.

Un día de 1965 el pueblo cubano y el mundo comenzaron a notar su ausencia tras haber regresado de una extensa gira por varios países africanos.

La reacción internacional trató de aprovechar la situación para especular y crear divisiones en el seno del movimiento revolucionario, pero el 3 de octubre de ese año, cuando se constituía el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, su entrañable compañero Fidel Castro explicó las razones por las cuales él no se encontraba en nuestro país.

En una carta de despedida, el Che le decía a Fidel: “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba, y llegó la hora de separarnos...”

Algún tiempo después se supo que Bolivia había sido el escenario escogido por él para continuar la lucha revolucionaria de los pueblos de Nuestra América. Y allí, el 8 de octubre de 1967, libró su último combate.

Más la desaparición física no borró la significación de su vida porque su ejemplo, cual semilla caída en tierra fértil, germino en el clamor y la acción de los pueblos, en la obra de la Revolución que ayudó a forjar, y de manera esencial en la aspiración de las más jóvenes generaciones de cubanos quienes así lo reflejan en el lema de su organización: ¡Pioneros por el comunismo, seremos como él Che!
   

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