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domingo, 12 de diciembre de 2010

Hace doscientos años Miranda regresó a Venezuela para capitanear la gesta independentista

Fuente: Correo del Orinoco
Cuando Francisco de Miranda, Precursor de la Independencia regresó a Caracas en diciembre de 1810, el movimiento independentista estaba carecía de la cohesión necesaria para imponerse a los factores conservadores que luchaban por imponer su criterio, sostiene el profesor de Historia Néstor Rivero.
Jóvenes mantuanos como los hermanos Simón y Juan Vicente Bolívar, junto a figuras como José Félix Ribas y Vicente Salias, querían la Independencia, pero ninguno de ellos tenía el liderazgo para aglutinar las fuerzas necesarias e iniciar la gesta de la Independencia”, señala Rivero, quien acota que la presencia de Miranda influyó en la consolidación de la Sociedad Patriótica.
Sobre este planteamiento el historiador y docente universitario Alexander Torres Iriarte explica que “1810 es un año muy complejo” en el que aún está el verdadero carácter de la conjura que sacó del mando Vicente de Emparan. Y en ese contexto, apunta Torres, tiene especial relevancia la creación de la Sociedad Patriótica.
Hay que recordar que la razón de esta asociación era proclamar la Independencia de Venezuela. En su seno, hombres como Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio Muñoz Tébar, Carlos Soublette, Francisco Espejo y Vicente Salias, entre otros, discutieron cómo debía darse la emancipación venezolana. Pero además, su membresía no se limitaba a los hombres blancos; en ella participaban por igual mujeres e individuos procedentes de diversos sectores de la sociedad de la época”, precisa Torres.

Líder y maestro

Con la llegada de Miranda, si usáramos el lenguaje de hoy, podríamos decir que se polarizó la contienda política que finalmente desembocaría en la instauración de la Primera República. “Ya la expedición de 1806 a Coro había dividido a los mantuanos. Los marqueses del Toro y de Casa Léon y el conde de San Javier reunieron dinero para pagar una recompensa a quien entregara la cabeza de Miranda. Pero los jóvenes como Simón Bolívar se mantuvieron distantes, no porque fueran indiferentes sino porque no apoyaban la posición de los mayores”, advierte Néstor Rivero.
Esta observación permite entender que la incorporación a la Sociedad Patriótica del ya entonces consagrado general, era un claro mensaje para el sector conservador de la élite dominante de que estaba por iniciarse un cambio muy distinto a lo que tenían en mente. La situación terminaría de aclararse el 4 de julio de 1811, cuando -después de varios meses de constituido el Congreso Constituyente- en el seno de aquella agrupación surgió un pronunciamiento radical: “¡Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad sudamericana, vacilar es perdernos!”. La suerte estaba echada.
La voz que lanzó aquella arenga radical fue la de Bolívar, pero el líder de la era Marinada. “De eso no debe quedar duda; para 1811, Miranda era la cabeza de la revolución. Bolívar y los otros conjurados lo seguían a él”, sentencia Rivero.
Este liderazgo se basaba, en parte en el prestigio y la experiencia militar de Miranda, pero también fueron determinantes sus ideas: “En un momento en que el debate sobre el destino de Venezuela estaba dominado por posiciones, de centro, que no podríamos identificar hoy como propiamente de derecha ni de izquierda; la prédica antimonárquica y republicana de Miranda inclinó la balanza y cohesionó a los partidario de la Independencia real”, apunta el profesor Rivero.
Torres Iriarte coincide con Rivero en la afirmación de que el Precursor detentaba el liderazgo efectivo de la causa. Y enfatiza que además le legó a los libertadores un proyecto que nutrió el pensamiento emancipador. Advierte en atención a esto, que Miranda venía dispuesto a hacer realidad su proyecto de liberar “a todo el continente hispanoamericano, que él concebía “como una gran unidad política, cultural y económica”, sostiene Alexis Torres Irriarte, historiador y profesor universitario.
Torres explica que ese gran Estado abarcaría el territorio ubicado entre el Río Mississippi (Norteamérica) y el Cabo de Hornos (Chile, extremo austral de América) y responde a una idea que el Precursor de la Independencia concibió en 1790 “y quedó plasmada en la famosa obra Colombeia, nombre que significa Los papeles sobre Colombia, en la que recogió la experiencia de sus viajes por el mundo y registró las bases de su ideario político”.
El profesor Néstor Rivero hace hincapié que se trata del anticipo de la Gran Colombia de Bolívar. En este sentido, afirma que Miranda fue quizás el principal maestro del Libertador, pues éste “asumió su visión geopolítica de la guerra de Independencia, la cual orientó su gesta y sus esfuerzos por construir una gran República en Suramérica”.

La Primera República

La Primera República se inicia formalmente con el 19 de abril de 1810, cuando establece en Caracas una Junta Suprema que destituye a Vicente de Emparan, Capitán General de Venezuela. La Corona española reaccionó de inmediato y concentró todas sus fuerzas en destruirla. Los nombres del realista Domingo de Monteverde y del patriota Francisco de Miranda, resonaron en una larga guerra que recién comenzaba, y en la que el segundo terminaría derrotado en 1812. Pero aun cuando fue de breve existencia, la Primera República anticipó e inspiró una nueva forma política que rompió con el Gobierno monárquico, que después de tres siglos llegaba a su fin.
 
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