"VENEZUELA SE RESPETA"

miércoles, 1 de junio de 2011

El mito de los empresarios socialistas y los intelectuales orgánicos de la boli-burguesía. Refutación a Víctor Álvarez.

por Omar Vázquez.

En su tiempo carcelario, alrededor de ocho años, el camarada Antonio Gramsci planteo la necesidad de estudiar el problema de los intelectuales y la lucha política; intentando construir una estrategia revolucionaria que incluyera a los intelectuales que participaran en el proceso de construcción de la hegemonía y sociedad socialista, como parte orgánica de las clases subalternas: Los trabajadores y el pueblo1.


“Cada grupo social, al nacer en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo económico sino también en el social y en el político: el empresario capitalista crea junto a él al técnico industrial y al especialista en economía política, al organizador de una nueva cultura, de un nuevo derecho2”


En este sentido, Gramsci sostiene que los intelectuales no son un grupo social autónomo, que está separado de la lucha política e histórica por el control de la hegemonía ideológica y de la propiedad material de los medios de producción; en realidad, los intelectuales responden a los intereses materiales e ideológicos de su clase.


De esta manera, en el marco de los planteamientos de Gramsci, debemos expresar que intelectuales que integran las filas bolivarianas como Víctor Álvarez con sus planteamientos ideológicos, demuestran su relación material y cultural con la pequeña burguesía; que mediante contratos con el Estado, dólares preferenciales para la importación, subsidios y créditos blandos se intenta constituir en el sector burgués hegemónico en el país. La llamada boli-burguesía.


Víctor Álvarez, desde su posición de ideólogo en el Centro Internacional Miranda, intenta legitimar la participación como clase dirigente del proceso bolivariano a la burguesía, es decir, a los empresarios; sosteniendo que:


“El empresario socialista es un agente de cambio social; un transformador del modelo tradicional de producción; un líder con capacidad para planificar, organizar y dirigir con éxito un proyecto productivo para liberar al trabajador de la explotación del capital3”


Entonces, como vemos en la cita, para Víctor Álvarez el empresario socialista es el sujeto histórico de la revolución. No son los trabajadores y el pueblo organizado y con conciencia de clase; realmente, el transformador del modelo tradicional de producción, es decir, el capitalismo rentista de Venezuela: Es el empresario socialista. Además, el empresario socialista va planificar, organizar y dirigir la liberación de los trabajadores; por lo tanto, olvidémonos del control obrero y popular, la planificación económica y la construcción de un Estado que irrumpa y descanse en el Poder Popular. Porque el empresario socialista ese nuevo invento de la socialdemocracia y la pequeña-burguesía nos van a liberar de la opresión y explotación capitalista.


La gran pregunta es: ¿Cómo los explotadores, los empresarios, van a liberar a los trabajadores y el pueblo? Tranquilos camaradas. No se inquieten, que “nuestro” pensador tiene una respuesta para esa pregunta que huele a marxismo y a verdadero socialismo:


“A diferencia del empresario capitalista que está motivado por fines de lucro, el empresario socialista está motivado por su vocación de servicio y por principios de solidaridad, cooperación y complementación4”


Claro, en algún lugar desconocido e imposible de conocer, hay un nuevo empresario que no quiere acumular riqueza y ganar dinero; esa nueva categoría social, creada por obra y gracia de la pluma de Víctor Álvarez, rompe con sus intereses de clase e invierte su capital, su plata, porque quiere ayudar a la sociedad; mediante la solidaridad, cooperación y complementación.


Debemos expresar que semejante afirmación, diferenciar a los burgueses en buenos y malos, implica negar que la lógica del capital es acumular y privatizar la riqueza social, producida por el trabajo de toda la sociedad. Es negar la lucha de clases, por ende es desconocer la necesidad de la construcción del socialismo; porque para que necesitamos edificar una sociedad que tenga como sectores hegemónicos a los trabajadores y al pueblo, si podemos hacer un esfuerzo por convertir a todos los empresarios capitalistas en socialistas.


Es así como, necesitamos denunciar que afirmar que existen empresarios socialistas, es un esfuerzo por desconocer elementos centrales de la lucha de clases; como el control y la propiedad de los medios de producción: empresas, fábricas, tierra, instituciones educativas y de salud, medios de comunicación, redes de comercios, entre otros. Lo que subyace en las posiciones de Víctor Álvarez alrededor de la creación o supuesta existencia de empresarios socialista, es negar la necesidad que tienen los trabajadores y el pueblo con conciencia, organizado y movilizado de asumir el control obrero y popular del Estado y de la economía; mediante los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Campesinos, Comunales; necesariamente articulados y coordinados como Poder Popular.


No es negar la participación de los pequeños y medianos empresarios en el proceso de liberación nacional, como aliados de la clase trabajadora y el pueblo, que deben ser los sectores de la alianza anti-imperialista que mantengan la dirección y hegemonía orgánica; pero, sin caer en las trampas ideológicas de la burguesía, debemos entender que esos sectores por sus intereses materiales no desean construir el socialismo.


Omar Vázquez.


1 Artículo alrededor de los intelectuales orgánicos y el socialismo en Venezuela: http://www.aporrea.org/ideologia/a123724.html Recuperado el 31 de mayo de 2011.

2 Antonio Gramsci. Los intelectuales y la organización de la cultura. Nueva Visión (2009). P. 9.

3 Artículo de Víctor Álvarez. El Empresario Socialista: http://victoralvarezrodriguez.blogspot.com/2011/05/el-empresario-socialista.html Recuperado el 31 de mayo de 2011.

4 Ídem.


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