"VENEZUELA SE RESPETA"

martes, 31 de mayo de 2011

Dilemas de la revolución bolivariana: problema de clase o problema nacional. Mariátegui, Haya de la Torre, eurocentrismos, el APRA y el PSUV

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Preliminar


Hace alrededor de dos años, un profesor de ciencias políticas nos comentaba que de acuerdo a lo que planteaba la conocida “teoría del chinchorro” -que dice que la popularidad de un gobierno hace más o menos el recorrido que hace la sabrosa maya de descanso- en ese momento estábamos en el período de menor popularidad, lo que es decir la parte media del chinchorro, y que sólo era cuestión de tiempo –aproximación de las elecciones- para que los niveles de popularidad se recuperaran hasta llegar bien arriba, justo donde el mecate se amarra firme a la palmera.

La sugestiva teoría no parece estar lejos de la verdad y de acuerdo a los resultados que arrojan los estudios de GIS XXI, la popularidad del presidente Chávez, desde la perspectiva de la intención del voto, se encuentra en niveles que permiten hacer claras proyecciones a futuro, a menos de dos años para las presidenciales. Se avecina de nuevo la coyuntura electoral, las estelares elecciones donde los venezolanos hemos dado ejemplo al mundo de participación cívica y democrática durante los último años, y que el movimiento bolivariano aceptó y asumió como la vía, con todos sus mecanismos racionales-legales y todas sus implicaciones, para acceder al poder del Estado para iniciar desde allí el proceso de cambio de la –para aquel entonces- desesperanzada sociedad venezolana.

Hoy, transcurridos doce años desde la llegada de Chávez y a seis desde que se optara por el socialismo como el modelo teorético (ideal), la utopía concreta (posible) y el camino a seguir por el proceso bolivariano para alcanzar la mayor suma de estabilidad, seguridad y felicidad para nuestro pueblo, el carácter pacífico del movimiento político en el poder ha expresado y manifestado sus problemas, contradicciones y dilemas más profundos. Estos desafíos, formidables por demás, han sido expresados y planteados como problemas teóricos y de praxis revolucionaria por distintos pensadores, analistas y escritores a lo largo de la historia del siglo XX y de la nuestra reciente; desafíos de los que el mayor de todos parece ser el de la transformación de las relaciones sociales y de producción dominantes en relación circular con las ideas, creencias y valores que las justifican y reproducen. Se trata de cambiar una totalidad, una estructura, un sistema que, viéndolo bien, podría superarse si se transforman los componentes que, teniendo un carácter nodal, crítico, podrán influir sensiblemente en la estructura haciendo del todo, que siempre es más que la suma de las partes, una totalidad diferente.

De todas las opiniones que han proliferado sobre estas complejidades del proceso bolivariano, hay dos de reciente publicación que particularmente me gustaría comentar y que están relacionados con estos retos teórico-políticos de que venimos hablando.


sábado, 28 de mayo de 2011

Gaza: medios de comunicación en guerra


Fuente: Webislam


El 27 de diciembre de 2008 Israel dio inicio a uno de los ataques más mortíferos sobre el pueblo palestino que se recuerdan. 1314 habitantes de la Franja de Gaza murieron como consecuencia del poder letal de las bombas y los misiles "inteligentes". Las escenas de horror mostradas por la televisión dieron la vuelta al mundo. Murieron más de 400 niños y cientos más resultaron heridos, lo cual era una prueba contundente de que los ataques fueron indiscriminados.
A pesar de ello, en Occidente, los medios de comunicación secundaron la versión israelí según la cual se trataba de una operación militar con fines defensivos. Una operación contra el "terrorismo" promovido por el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas.
Pero lo que la prensa occidental calificó de "guerra" no fue más que una matanza, como certificó poco después el relator especial de la ONU para los Territorios Ocupados, Richard Falk, quien tiempo atrás había advertido que la situación en la Franja de Gaza -un lugar sometido a un asedio inhumano desde hace años- podía conducir a un genocidio.
Gaza: medios de comunicación en guerra trata de probar que los medios son cómplices de los asesinos al saber transformar muestras de barbarie como las descritas en actos justificables desde el punto de vista de un estado que sabe como nadie disfrazarse de víctima.
Mediante un ejercicio de manipulación hábilmente orquestado, los periodistas cuentan sólo una parte de la verdad, ocultando información que puede ayudar a desentrañar las claves del conflicto palestino-israelí, un caso de injusticia histórica que dura ya demasiado. Sin duda la ignorancia acerca de lo que realmente está sucediendo ayuda en parte a que así sea.
En el documental intervienen periodistas, activistas, escritores, políticos y profesores de universidad tales como Pascual Serrano, Santiago Alba, Alberto Arce, Joan Josep Nuet, Xavier Giró, Ofer Kassif, Mohammad Rujailah, entre otros.
Gaza: medios de comunicación en guerra es una producción
de la Fundació Pere Ardiaca.


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Trabajo Interno

Fuente: Webislam
Este video revela el modus operandi de los especuladores financieros, auténticos yonquis de poder -así como de otras sustancias y delitos, tal y como cuenta el documental-, que han neutralizado durante años a la soberanía ciudadana, al poder legislativo, e incluso a las élites académicas, con el fin de saciar su ansia de enriquecimiento sin escrúpulos y convertirnos en víctimas de una crisis global desde Cádiz a Alabama, Reikiavik o Lima.



 
WebIslam


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El gran negocio transnacional de los medicamentos


Fuente: Webislam

Pedro Rivera Ramos, Ingeniero Agrónomo, Panamá, produjo un amplio análisis sobre el poder y lucro de la industria farmacológica que fue publicado por Apia Virtual y del cual PE/Ecupres seleccionó partes de ese importante informe.
La producción de medicamentos constituye uno de los componentes más importantes, más sólidos y más poderosos, conque cuentan en la actualidad las gigantescas corporaciones transnacionales, que luego de la reestructuración que hiciesen de su producción de plaguicidas, se autocalificarán como “industrias de las ciencias de la vida”, al pasar a controlar virtualmente todas las actividades esenciales para los seres humanos en todo nuestro planeta.
Así, Syngenta, Monsanto, Bayer y otras, poseen una concentración de intereses y un poder casi absoluto de áreas tan vitales, además del lucrativo mercado farmacéutico, que comprende a las semillas agrícolas, los productos veterinarios, los plaguicidas, la biotecnología y el transporte y distribución de alimentos. Esto explica en gran medida, muchas de las particularidades que hoy rodean y definen a una industria farmacéutica, mucho más identificada con conceptos como rentabilidad económica, acumulación de capital y beneficios, que en curar y salvar vidas humanas.
Su poder es de tal magnitud que imponen sus precios, discriminan en sus ventas, aplastan las producciones locales, sobornan políticos, médicos y autoridades de salud pública, en un negocio donde prevalece cada vez menos la ética y la salud y sí la codicia y el mercantilismo más rampante. De ese modo, lo que realmente le interesa a la gran industria farmacéutica, no es la producción de medicamentos para curar, sino, como bien afirmara el premio Nóbel de medicina de 1993, Richard J. Roberts, en entrevista en mayo del 2008 a la revista Autogestión, que el verdadero interés de éstas empresas por los fármacos es “sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre”. Más concretamente: clientes, pacientes y usuarios; pero nunca, ni lo suficientemente muertos ni lo suficientemente sanos.
Esta pronunciada y cínica orientación del negocio farmacéutico transnacional, se descubre en toda su amplitud cuando advertimos que la venta de drogas para mejoramiento estético, reducir peso corporal, dominar el stress o superar la impotencia, es decir, para gente esencialmente sana, representa una de sus principales preocupaciones investigativas y es la que les genera sus mayores ingresos.
Por ello no resulta exagerado conocer, que casi el 90% del presupuesto que estas poderosas industrias destinan a la investigación y desarrollo de nuevas drogas, persigue el interés de atender los problemas de salud de sólo el 10% de la población mundial. A esto se añade que otro elemento que exhibe el verdadero móvil del multimillonario negocio farmacéutico, lo encontramos en el impresionante gasto que realizan en sus renglones de comercialización y publicidad.
La salud, que junto a la educación y a la alimentación, constituyen derechos básicos de cualquier ser humano con total independencia de su nivel de ingreso, aparece, para felicidad y complacencia de la industria farmacéutica transnacional, considerada como una mercancía más en los tratados de libre comercio y en la OMC.
Allí se discuten e imponen normativas sobre propiedad intelectual y acceso a los medicamentos, que tienen un efecto dramático y devastador sobre la salud de millones de personas en el mundo y, principalmente sobre pacientes de países pobres con SIDA, Alzheimer, afecciones cardíacas, hipertensión y otras.
Las patentes sobre medicamentos, basados muchos de ellos en compuestos bioquímicos y conocimientos tradicionales recogidos o robados en las regiones tropicales y subtropicales, niegan toda la teoría económica liberal fundada en el libre comercio, al sustentarse irónicamente en el proteccionismo y los derechos monopólicos.
Este privilegio, que limita sensiblemente la competencia entre las empresas, ejerce una fuerte restricción sobre la fabricación y distribución de fármacos genéricos que son producidos por países como India, Brasil y Tailandia y que pueden costar hasta un 50 por ciento menos que los medicamentos patentados.
Los genéricos no solamente han demostrado ser más baratos y muy exitosos como equivalentes terapéuticos de los productos de marca, –la experiencia brasileña en el tratamiento del SIDA así lo confirma– sino que representan un ahorro considerable de divisas para los países pobres.
Nada tardaron en la Unión Europea para manipular la normativa aduanera y bajo el supuesto de sospechas de falsificaciones médicas protegidas por propiedad intelectual, obstaculizar hasta por seis meses en aeropuertos de Holanda y Alemania principalmente, el comercio de fármacos genéricos legítimos. De todos modos, incautar o retener remesas médicas legales por presiones de empresas farmacéuticas multimillonarias, es un acto no sólo criminal, sino absolutamente inmoral, y pone de manifiesto la estrecha colusión existente entre estos Estados y sus omnipotentes industrias farmacológicas.
Precisamente es este vínculo el que sirve para explicarnos las exageradas exigencias que aparecen en los capítulos de propiedad intelectual de los TLC y que en la mayoría de las ocasiones, rebasan todo lo previsto hasta ahora en las normativas y discusiones en la OMC. En esas tratativas y aprovechándose de la debilidad de los países con los que negocian, terminan por imponerles períodos superiores a los 20 años de vigencia para sus patentes; protección para sus datos de prueba de 5 a 10 años; descartar hasta el uso de la salvaguardia más importante que permite la OMC: las licencias obligatorias.
Estas pocas muestras del comportamiento de la industria farmacéutica, ponen de manifiesto que la lógica mercantil que impera en sus actividades, carece por completo de ética.
En ella es muy común la demora en reconocer los efectos secundarios de sus productos y retirarlos del mercado, aún a costa de la vida de las personas; abultar sus costos de investigación y desarrollo para justificar el precio de sus sustancias patentadas; lanzar versiones modificadas de productos existentes, sin que representen ningún adelanto químico significativo; y aprovecharse con mucha efectividad del considerable apoyo económico que les brindan generosamente los Estados altamente desarrollados.
En resumen, las transnacionales de los medicamentos están más ligadas a los intereses de Wall Street, que son a su vez los del avasallador mercado, que a las necesidades más apremiantes de toda la Humanidad.


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El imperialismo contemporáneo

 Fuente: Webislam

Al concluir la segunda guerra mundial el escenario del imperialismo clásico quedó transformado por la nueva etapa de prosperidad y desaparición de las confrontaciones bélicas entre potencias. Estados Unidos logró una supremacía militar inédita y subordinó a sus rivales, en lugar de demolerlos. La confrontación con la URSS no se equiparó con los viejos choques inter-imperiales, dado el carácter no capitalista del sistema vigente en ese país.
El contexto económico quedó igualmente transformado por la nueva asociación internacional de capitales, la irrupción de compañías multinacionales, la disminución del proteccionismo, la recuperación del protagonismo industrial y la reorientación de la inversión externa hacia las económicas desarrolladas.
La actualización de la teoría del imperialismo estuvo bloqueada por una actitud ritualista hacia el enfoque clásico, que asignaba vigencia perdurable a un periodo específico del siglo XX. Esta postura impedía comprender el nuevo marco de solidaridad miliar occidental y asociación multinacional.
Tres interpretaciones de los años 70 reabrieron la investigación, al resaltar el papel superimperial de Estados Unidos, el entrelazamiento ultra-imperial de las firmas y el carácter acotado de la concurrencia inter-imperialista. Plantearon acertadamente nuevos problemas, que no lograron resolver.
La mundialización neoliberal ha introducido una nueva etapa, que universaliza el capitalismo. Hay transformaciones cualitativas en todas las áreas. La inestabilidad del modelo y la indefinición de la tónica de crecimiento, no desmienten el cierre del esquema de posguerra. Las características del nuevo período no se clarifican dirimiendo la presencia o ausencia de una onda larga. Se ha consumado un giro comparable al observado a fin del siglo XIX y a mediados de la centuria pasada, que genera novedosos desequilibrios financieros, productivos y comerciales.
En esta etapa se expande el radio de acción imperial a todo el planeta, con mayores entrelazamientos económicos globales que afectan a los pueblos y regiones desfavorecidas. El imperialismo neoliberal acentúa las diferencias con la era clásica y profundiza las tendencias de posguerra.
Al concluir la segunda guerra mundial el escenario del imperialismo quedó totalmente transformado. El sostenido crecimiento y la mejora del nivel de vida inauguraron un período de significativa prosperidad en los países centrales. La reducción del desempleo creó situaciones próximas al pleno empleo, que facilitaron el aumento del consumo y la generalización de un sistema protección social.
Los principales teóricos marxistas bautizaron la nueva etapa de posguerra con distintas denominaciones (“capitalismo tardío”, “capitalismo de estado”, “capitalismo monopolista de estado”). Muchos estudios destacaron la sustitución de las formas de acumulación extensiva por mecanismos intensivos y el reemplazo del trabajo taylorista por esquemas fordistas. Otras investigaciones señalaron el nuevo gigantismo de las empresas y la inédita intervención estatal en la economía. Estos cambios modificaron el perfil del imperialismo, recreando un marco de estabilidad, en torno a nuevos equilibrios geopolíticos.
El contexto político-militar
La principal singularidad de período fue la ausencia de guerras inter-imperiales. A diferencia de la etapa clásica, los conflictos armados no desembocaron en conflagraciones generalizadas. Persistieron los enfrentamientos, pero ya no hubo confrontaciones directas por el reparto del mundo. Las rivalidades sólo generaron escaramuzas geopolíticas, que no se proyectaron a la esfera miliar.
La vieja identificación del imperialismo con el choque entre potencias capitalistas quedó desactualizada y este cambio transformó el paisaje europeo. En lugar de rivalizar por las posesiones coloniales, las competidores del Viejo Continente iniciaron un proceso de unificación regional.
El predominio estadounidense determinó el viraje de la etapa. Ningún conflicto anterior se había zanjado con semejante preeminencia. La abrumadora superioridad norteamericana quedó consagrada con la formación de una alianza atlántica (OTAN), bajo el mando del Pentágono. Estados Unidos ejerció una dominación explícita y reafirmó su autoridad con la disuasión nuclear. Impuso la localización de las Naciones Unidas en Nueva York y estableció en el Consejo de Seguridad un sistema de consultas para supervisar todos los acontecimientos mundiales.
Este reinado se asentaba también en la aplastante superioridad económica. Estados Unidos manejaba el 50% de la producción industrial, acumulaba monumentales acreencias y adaptaba el sistema monetario mundial a sus necesidades, mediante la hegemonía del dólar (acuerdos de Bretton Woods).
Pero lo más novedoso fue la estrategia que eligieron las elites norteamericanas para consolidar su supremacía. En lugar de demoler a los rivales derrotados, auspiciaron la reconstrucción económica y el sometimiento político-militar de sus adversarios. El auxilio multimillonario concedido a Europa y Japón fue la contracara de la actitud asumida por Gran Bretaña y Francia (frente a Alemania) al concluir la primera guerra mundial. En lugar del tratado de Versalles se introdujo un Plan Marshall.
Mediante esta combinación de reconstrucción económica, subordinación política y protección militar, Estados Unidos consolidó el sistema de alianzas subalternas, que posteriormente utilizó para contrarrestar el resurgimiento de sus rivales. Cuando en los años 60 Alemania y Japón recuperaron competitividad, el gendarme norteamericano hizo valer su primacía. Recurrió a drásticas medidas comerciales, tecnológicas y monetarias, para preservar sus ventajas y reformuló los términos de la convivencia con sus subordinados. Pero estas tensiones no recrearon en ningún momento, el viejo escenario de rivalidades destructivas.
Alemania y Japón aprovecharon la exención de gastos armamentistas para recuperar terreno en la producción y el comercio, pero no proyectaron estos avances al terreno militar. Tampoco contemplaron la preparación de una revancha. Aceptaron el rol protector ofrecido por Estados Unidos, avalando el “imperialismo por invitación” que les ofreció la primera potencia. Todos los conflictos que suscitó la unipolaridad estadounidense se procesaron sin alterar este dato geopolítico. Ha sido muy frecuente relativizar la novedad de este cuadro, afirmando que el antagonismo entre superpotencias persistió durante posguerra, a través de un conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Se considera que esa confrontación fue análoga a todas las batallas precedentes por la hegemonía imperial.
Pero estas pugnas entre Occidente y el denominado “bloque socialista” incluyeron una diferencia esencial con todos los choques inter-imperiales precedentes: el carácter no capitalista del sistema vigente en la ex URSS. Existen numerosas caracterizaciones sobre este régimen social, pero nadie ha podido demostrar que estuvo gobernado por una clase dominante, propietaria de los medios de producción y guiada por la meta de acumular capital.
La burocracia que manejaba ese sistema, buscaba ampliar su influencia global y mantuvo fuertes disputas con Estados Unidos por el control de territorios estratégicos. En esas tensiones sostuvo parcialmente a los movimientos de liberación nacional, que resistían el poder estadounidense. Pero en la mayoría de los casos estas acciones eran repuestas defensivas, tendientes a preservar una coexistencia pacífica con el coloso norteamericano. (1)
El carácter no capitalista de la URSS invalida su presentación como otro actor imperial de batallas por el reparto del mundo. La capa dirigente de ese país tenía ambiciones expansionistas y reforzaba su presencia global, chocando con Estados Unidos en el manejo de las áreas de influencia. También intercalaba esas pugnas con la revisión periódica de los acuerdos de equilibrio territorial establecidos al concluir la guerra (tratado de Yalta). Pero esas pretensiones de mayor poder regional no convertían al régimen de la Unión Soviética en una variante “social-imperialista” de la expansión colonial. El uso contemporáneo del término imperialismo sólo tiene sentido para aquellas potencias que actúan bajo el mandato del capital. No se aplica a situaciones ajenas a ese principio.
Transformaciones económicas
Los cambios económicos de posguerra tuvieron el mismo alcance que las modificaciones geopolíticas, a partir del significativo avance registrado en la asociación internacional de los capitales. Se consumó un entrelazamiento financiero, comercial e industrial sin precedentes. Esta amalgama alteró radicalmente la concurrencia inter-imperial que prevaleció durante la época de Lenin.
El creciente gigantismo de las empresas que subrayaba el líder bolchevique volvió a cobrar importancia con la expansión de los oligopolios, en desmedro de las pequeñas compañías. La necesidad de ampliar mercados, reducir costos y aumentar la productividad acentuó la preeminencia de las corporaciones frente a las empresas de pequeño porte.
Pero a diferencia del período precedente, las alianzas entre grandes firmas no quedaron restringidas a compañías del mismo origen nacional. Irrumpió un nuevo tipo de empresa multinacional, que asoció a los capitalistas norteamericanos, japoneses y europeos, alterado la vieja divisoria entre bloques de competidores nacionales.
En este marco, el proteccionismo perdió peso frente a las presiones librecambistas desplegadas por las empresas mundializadas. Estas compañías requirieron mayor movilidad del capital y creciente flexibilidad comercial, para actuar en todos los rincones del planeta. El cerrojo arancelario era congruente con los bloques belicistas del imperialismo clásico, pero obstruía los negocios internacionalizados de posguerra.
Este viraje de las tarifas hacia la liberalización repitió un giro ya consumado en otras oportunidades. El capitalismo nunca se atuvo a una modalidad comercial invariable. El pasaje del libre-cambio a la protección -que los teóricos clásicos observaban como un giro definitivo del sistema- constituyó en realidad, sólo un eslabón de incontables virajes.
Tampoco la primacía financiera mantuvo la irreversible hegemonía que imaginaban los analistas de la etapa precedente. Al compás del fuerte crecimiento de posguerra, los industriales recuperaron terreno y retomaron su protagonismo en la generación de plusvalía. Este resurgimiento fue en gran medida determinado por la internacionalización de las firmas norteamericanas, que implantaron filiales en Europa y Oriente
Durante este período la exportación de capital recobró un papel significativo, pero tuvo un alcance más limitado en las inversiones metropolitanas en la periferia. Las principales corrientes de colocación de fondos foráneos se consumaron entre las propias economías desarrolladas. Los capitales norteamericanos afluyeron con mayor intensidad al viejo continente que a los países dependientes y la misma dirección tuvieron las inversiones externas posteriores de Europa y Japón. Esta tendencia apuntó a reforzar una gestión internacionalizada de los negocios, en torno a las empresas multinacionales.
Pero este proceso incluyó también un aumento de las ventas mundiales y una creciente confiscación de los recursos de la periferia. El comercio entre las economías desarrolladas se intensificó, junto a la depredación de las riquezas del Tercer Mundo.
Los tres mecanismos de apropiación externa del imperialismo volvieron a coexistir, sin nítidas primacías de uno sobre otro. La remisión de utilidades por inversiones externas operó junto al comercio inequitativo y el sometimiento de las economías subdesarrolladas. La magnitud de todos estos cambios tornó impostergable la revisión de la teoría del imperialismo.
Primeras actualizaciones
El texto de Lenin mantuvo su influencia durante la posguerra, a través de numerosas reediciones y traducciones. Este apetito de lectura sintonizaba con la expectativa de extensión del socialismo por todo el mundo. El reconocimiento logrado por el libro convalidaba sus aciertos políticos en el debate sobre la guerra y premiaba la crítica a las ingenuidades pacifistas.
La tesis leninista brindaba, además, argumentos contra las nuevas teorías socialdemócratas, que identificaban la alianza transatlántica y la descolonización con “el fin del imperialismo”. Estas concepciones omitían la persistencia de la violencia imperial, especialmente en el Tercer Mundo.
Pero las lecturas más atentas del texto comenzaron a percibir su falta de actualidad. El ensayo de Lenin describía un contexto ya inexistente de guerra inter-imperialistas. También la primacía de las rivalidades económicas había quedado neutralizada por la interpenetración mundial de los grandes capitales. La preeminencia norteamericana contradecía, además, el escenario clásico.
Estos contrastes no disminuyeron el lugar dominante del texto bolchevique, en todos los estudios sobre el imperialismo. El grueso de la producción teórica marxista intentaba actualizar con las nuevas cifras, las tendencias expuestas por Lenin. Se buscaba especialmente corroborar la continuidad del monopolio y del proteccionismo y demostrar la centralidad de las exportaciones de capital y la persistente hegemonía financiera.
Estos trabajos estaban afectados por una actitud ritualista, que eludía el análisis de las tendencias contrapuestas a la caracterización clásica. Los manuales de economía política editados en la URSS y otras elaboraciones dogmáticas expresaban esa postura acrítica. (2)
Estos enfoques transformaban el escenario inter-imperial de principio del siglo XX en un dato inmutable de la historia. Le asignaban vigencia perdurable al diagnóstico de una coyuntura. Al congelar la etapa estudiada por Lenin como el único período valedero sacralizaban el texto, olvidando la función política que tuvo cuando fue elaborado. Esta actitud cerraba todos los caminos para una actualización fructífera de la teoría del imperialismo.
Otras visiones intentaron -con muchas vacilaciones- la revisión del problema. Buscaban demostrar, por un lado, la vigencia de los rasgos clásicos, pero reconocían por otra parte las insuficiencias de la concepción tradicional. Mientras subrayaban la continuidad del monopolio y la supremacía del capital financiero, señalaban la ausencia de conflictos bélicos inter-imperialistas y la gravitación de Estados Unidos. Cuestionaban las lecturas talmúdicas de Lenin, pero preservando su visión del tema.
La reconsideración del problema exigía ir más allá del simple cómputo de los elementos vigentes y obsoletos de la teoría clásica. Había que jerarquizar el significado de las tendencias persistentes y de los procesos ya agotados. Los enfoques acríticos diluían dos datos claves de la nueva época: la ausencia de guerras inter-imperiales y la mayor asociación económica entre capitales de distinto origen.
El diagnóstico de Lenin había quedado anacrónico por estar referido a una etapa ya concluida del desarrollo capitalista. Las tendencias de 1880-1914 no tenían vigencia en 1945-75 y por esta razón, las principales reflexiones de posguerra giraban en torno a otros problemas.
La dificultad de muchos marxistas para aceptar este cambio obedeció a una incomprensión del planteo de Lenin. Desconocían que el enfoque estaba más centrado en la crítica política al pacifismo social-patriota, que en la evaluación económica del capitalismo. La gran contribución aportada en el primer terreno, no implicaba validez de las caracterizaciones expuestas en el segundo terreno. Esta confusión obstruyó el análisis y generó muchas simplificaciones en la interpretación del imperialismo, que no distinguían la existencia de dos niveles autónomos de la reflexión sobre tema.
Los mejores estudios sobre el imperialismo de los años 70 incorporaron de hecho estas distinciones. Revisaron la teoría clásica, destacando la existencia de múltiples interpretaciones marxistas (Brown) y resaltaron el significado polisémico de la noción de imperialismo (Owen). También pusieron de relieve la ambigüedad de un concepto que incluye al mismo tiempo definiciones de la etapa, caracterizaciones de tensiones entre países centrales y evaluaciones de las relaciones entre el centro y la periferia (Sutcliffe). (3)
Con estas miradas comenzó un rescate del significado contemporáneo del imperialismo. Se retomó el método de Lenin para interpretar una nueva realidad, observando cómo el desarrollo desigual de capitalismo genera desequilibrios, en la reproducción jerarquizada y polarizada de este sistema.
Tres modelos
En los años 70 aparecieron tres interpretaciones para caracterizar el nuevo escenario. Estos enfoques resaltaron la gravitación de tendencias superimperiales, ultra-imperiales e inter-imperiales.
La primera variante -postulada por Sweezy, Magdoff o Jalee- remarcó el papel dominante de Estados Unidos, como coloso económico y gendarme mundial. Remarcó el peso de sus corporaciones industriales y su gravitación militar, mediante estudios que subrayaron también la importancia de las resistencias antiimperialistas del Tercer Mundo. Esta tesis recogió elementos de muchas teorías sobre el hegemonismo estadounidense de la época, que reflejaban el apabullante liderazgo logrado por la primera potencia. (4)
Pero las caracterizaciones superimperialistas no evaluaron el alcance de esa primacía del gigante del Norte y no llegaron a esclarecer el nuevo el tipo de relaciones establecidas entre el poder norteamericano y las restantes potencias.
La segunda corriente puso el acento en los procesos de asociación ultra-imperial, mediante importantes trabajos de Hymer, Murray y Nicolaus. Indagaron la formación de una nueva clase capitalista en torno a las empresas multinacionales, a partir de estudios del mercado del eurodólar y de distintos análisis sobre la influencia decreciente de los estados nacionales. También investigaron la forma en que este proceso erosionaba las rivalidades entre potencias y deterioraba las condiciones de trabajo. (5)
Este enfoque inauguró el estudio contemporáneo de la asociación internacional de capitales y comenzó a registrar sus consecuencias sobre los estados nacionales. Pero no logró evaluar el impacto de estos cambios sobre la dinámica del imperialismo.
La segunda vertiente fue a su vez enriquecida por los trabajos de Poulantzas, que estudiaron cómo la internacionalización de la economía incentivaba la formación de fracciones capitalistas mundializadas, al interior de los estados nacionales. Palloix aportó, además, importantes investigaciones sobre la forma en que la internacionalización de la economía globaliza la reproducción del capital, en ciclos mercantiles, monetarios y productivos. (6)
Todos estos enfoques que ponían de relieve la preeminencia de cursos ultra-imperiales, suscitaron la reacción de los defensores a ultranza de la tesis clásica. Estas críticas destacaron el reducido alcance de la actividad multinacional y el continuado protagonismo de los estados nacionales. Pero los objetores nunca lograron explicar por qué razón habían perdido fuerza las tendencias bélicas y económicas del período precedente.
Finalmente la tercera corriente encabezada por Mandel destacó la continuidad parcial de las rivalidades inter-imperiales. Cuestionó por un lado, la tesis superimperial señalando que la hegemonía norteamericana no evolucionaba hacia supremacías económicas de largo plazo. Destacó que esa hegemonía no transformaba la subordinación de las potencias asociadas en formas de sujeción colonial.
Por otra parte, objetó la perspectiva ultra-imperialista, señalando el carácter improbable de una fusión entre corporaciones de distinto origen nacional y remarcó el continuado aumento de la competencia económica, en un marco de distensión militar. De esta tendencia dedujo un pronóstico de acrecentamiento de la concurrencia intercontinental, en un cuadro alejado de la confrontación bélica. (7)
Este modelo de tensiones inter-imperiales atenuadas fue compartido por otros teóricos como Rowthorn, que cuestionaron la exageración del poder norteamericano, evaluando que el continuado antagonismo económico entre las grandes potencias, no tendría proyecciones militares. (8)
Este tercer enfoque sugirió acertadamente la preeminencia de un avance del regionalismo, que permanecería distanciado de los viejos bloques belicistas del pasado. Pero no arribó a conclusiones nítidas y tampoco elaboró conceptos representativos de la nueva situación. Vaciló en la evaluación del rol estadounidense y no logró dirimir el predominio de tendencias a la asociación o a la competencia.
Todas las caracterizaciones en juego suscitaron fuertes polémicas, acompañadas de los adjetivos y etiquetas en boga durante esa época. Los cuestionamientos a los “errores kautskianos” convivieron con los elogios a los “aciertos leninistas”. Pero esta contraposición impedía comprender lo que se intentaba indagar. La nueva integración internacional de capitales no recreaba el modelo concebido por el dirigente socialdemócrata y la competencia en curso no resucitaba el esquema postulado por el líder bolchevique.
Las investigaciones de los años 70 crearon los fundamentos para superar la obsolescencia del enfoque clásico, pero no condujeron a conclusiones satisfactorias. Su principal mérito fue incentivar el estudio de la nueva realidad con modelos de supremacía, integración y rivalidad imperial. Aunque dieron lugar a una síntesis adecuada, abrieron una discusión que puso de relieve los problemas a resolver.
La tesis superimperialista omitía la inexistencia de relaciones de subordinación entre las economías desarrolladas, equiparables a las vigentes en la periferia. El enfoque transnacionalista desconocía la continuidad de las rivalidades entre las corporaciones, ahora mediadas por otra conformación de clases y los estados. La visión de concurrencia inter-imperialista minusvaloraba la ausencia de confrontaciones bélicas y el avance registrado en la integración de los capitales. (9)
La complejidad del tema impulsó a buscar fórmulas combinatorias de las concepciones en disputa, que se mantuvieron posteriormente. Se resaltó especialmente cómo la existencia de tendencias a la asociación, genera tensiones que obligan a reforzar liderazgos, para contener la concurrencia inter-imperialista. Esta rivalidad socava la gravitación de la superpotencia impidiendo la estabilización del sistema. (10)
Esta misma idea de mayor entrecruzamiento de capitales sin desemboques definidos ha sido señalada también, para destacar la existencia de múltiples desequilibrios. Estas tensiones son generadas por una trama distante del imperialismo clásico y carente de sustituto definido. (11) En este contexto la irrupción del neoliberalismo abrió nuevas pistas de indagación.
La nueva etapa
Desde la mitad de los años 80 la mundialización neoliberal introdujo cambios de un alcance semejante al registrado durante la posguerra. A partir de una ofensiva general contra las conquistas populares, estas modificaciones generaron una expansión del capital hacia nuevos sectores (privatizaciones, educación, salud, pensiones) y nuevos territorios (ex países socialistas).
Este ataque patronal deterioró las condiciones de trabajo en los países avanzados y empobreció a la periferia, en un contexto de repliegue de los sindicatos y reflujo de las ideas anticapitalistas. Las grandes corporaciones aprovecharon las fuertes diferencias internacionales de salarios, para acrecentar sus lucros e introdujeron nuevas formas de control patronal del proceso de trabajo. Esta agresión se basó en amenazas de traslado de las firmas hacia otros países.
Este cambio en las relaciones sociales de fuerza a favor del capital desembocó, a su vez, en incrementos sustanciales de la tasa explotación, que ampliaron las desigualdades, recompusieron el nivel de los beneficios y revitalizaron la acumulación.
Al incentivar la competencia global con aumentos de la productividad desgajados de las compensaciones salariales, el nuevo modelo se distanció del fordismo. La sistemática transferencia de actividades fabriles hacia el continente asiático potenció la concurrencia por incrementar la producción, con menores costos y generar mayores ganancias. Esta mutación se ha sostenido en una revolución informática que generaliza el uso de las computadoras, en los procesos de fabricación y en la gestión financiera o comercial de las empresas. Esta innovación radical incrementó el nivel de productividad, abarató el transporte y masificó las comunicaciones.
Las transformaciones de las últimas décadas ampliaron también el consumo, no solo de las elites y los sectores gerenciales. Un importante sector de las clases medias ha sido incorporada un nuevo patrón de adquisiciones basado en el endeudamiento creciente. Esta modalidad reforzó la gravitación de los bancos, que han cumplido un papel clave en la consolidación del neoliberalismo. Restablecieron los mecanismos de disciplina y auto-ajuste en las empresas y recompusieron el circuito de la acumulación.
El modelo actual introdujo un corte con la etapa precedente y cerró el período de convulsiones, que acompañó al agotamiento del boom de posguerra. La nueva etapa revirtió la retracción de los mercados y el deterioro de la tasa de ganancia, que predominó durante las crisis de 1974-75 y 1981-82. Sobre estos pilares se consumó la expansión de la inversión hacia las regiones favorecidas por el nuevo esquema. (12)
Este diagnóstico es frecuentemente objetado por las caracterizaciones que destacan la vulnerabilidad financiera del modelo neoliberal, su reducido aporte al crecimiento o su dependencia de los vaivenes del mercado. (13)
Pero ninguno de estos rasgos desmiente la existencia de un nuevo período. Indican la presencia de áreas de gran inestabilidad, sin refutar la vigencia de una etapa diferenciada. Quiénes consideran que el modelo actual es más inestable que su antecesor, no cuestionan la preeminencia que ha logrado. Cualquiera sean las controversias sobre el grado de coherencia que rodea al neoliberalismo, es evidente que este esquema introdujo un cambio radical en la dinámica del capitalismo.
El período actual no presenta un nítido escenario global de prosperidad o estancamiento. Aquí se evidencia una diferencia importante con los modelos precedentes del siglo XX. Mientras que las transformaciones cualitativas son incuestionables, las tendencias del nivel de actividad mantienen un alto grado de ambigüedad. Hay nuevas formas de consumo segmentado, normas de producción globalizada, tipos de comercio liberalizado, finanzas des-reguladas y otra modalidad de competencia entre las empresas transnacionales. Pero estas transformaciones no definen un perfil de intensidad o quietismo productivo.
El período actual es muy singular, puesto que no repite la tónica depresiva de 1914-1945, ni la pujanza de 1945-75. La economía mundial se ha distanciado del comportamiento homogéneo que mantuvo en los períodos precedentes. Coexisten situaciones variadas de estancamiento en Europa, ascenso y recaída de Japón, vaivenes de Estados Unidos, despliegues asiáticos y mutaciones en la semi-periferria y regresiones de la periferia.
Desequilibrios inéditos
El nuevo contexto no se clarifica dirimiendo la presencia o ausencia de una onda larga Kondratieff. Algunos autores postulan la presencia de este ciclo, resaltando la vigencia de tasas de crecimiento elevadas en numerosas actividades y zonas geográficas. Otros objetan la existencia de este curso, subrayando el reducido promedio global de ascenso del PBI. (14)
La discusión es más conceptual que empírica, ya que no existe un dato universalmente indicativo de la tónica que asume un período. Un promedio de crecimiento elevado no tiene la misma validez para fines del siglo XIX, que para la mitad de la centuria siguiente o el debut del siglo en curso. Lo mismo rige para las distintas zonas. El incremento del 5% anual del PBI que se considera elevado para Estados Unidos es muy bajo para China.
En realidad, la existencia de una nueva etapa del capitalismo no requiere un correlato definido en la fase del ciclo económico. La vigencia del periodo neoliberal es parcialmente independiente de ese ritmo de la producción. La era de posguerra ha sido totalmente sustituida, sin dar lugar a otra onda de pujanza económica general.
Lo importante es reconocer que el patrón de acumulación precedente (de consumo masivo y uniformidad de producto) ha quedado reemplazado por un nuevo esquema (de consumo más flexible y producción más variada). Desde la irrupción del neoliberalismo en 1978-80, este modelo se asienta en el incremento del desempleo, la feminización del trabajo, la polarización de las calificaciones, la segmentación del mercado laboral y el uso de las nuevas tecnologías.
Algunos enfoques reconocen la magnitud de transformaciones en curso en ciertos campos, como la disminución del campesinado o la penetración del capital en numerosos ámbitos de la vida social. Pero cuestionan la existencia de rupturas significativas en el campo económico, tecnológico o cultural. (15)
Pero la universalización geográfica y sectorial del capitalismo que ha llevado a cabo el neoliberalismo, no se restringe a una u otra esfera. Ha impactado sobre el conjunto del sistema, produciendo un giro comparable al observado a fin del siglo XIX y a mediados del siglo XX.
Este viraje se verifica también en los desequilibrios específicos que actualmente presenta el sistema. Las crisis del neoliberalismo difieren significativamente de las convulsiones que afloraron en los años 60 o 70. Son contradicciones resultantes de nuevos problemas y no arrastres del pasado. Las tensiones que generaba el modelo keynesiano fueron clausuradas por el ascenso neoliberal, que inauguró otro tipo de desajustes.
La hipertrofia financiera actual obedece a mecanismos de titularización, derivados y apalancamientos, gestados al cabo de dos décadas de internacionalización de las finanzas, desregulación bancaria y gestión bursátil de las grandes firmas. La sobreproducción de mercancías presenta un inédito alcance global, resultante de la competencia por abaratar costos, localizando plantas en países con bajos salarios y alta explotación de la fuerza de trabajo. Las desproporcionalidades mundiales -que han creado los desbalances comerciales y el endeudamiento- se desenvuelven por carriles impensables hace cuatro décadas.
El neoliberalismo cambió el escenario económico. Redujo los ingresos salariales, pero expandió el consumismo, la riqueza patrimonial y el endeudamiento familiar. Recompuso la tasa de ganancia acentuando la explotación y desvalorizando parcialmente los capitales obsoletos. Pero afectó potencialmente el nivel de rentabilidad, con aumentos de la productividad basados en tecnologías capital-intensivas que expanden el desempleo.
El nuevo modelo genera el tipo de crisis que salieron a flote durante la burbuja japonesa (1993), la caída del Sudeste Asiático (1997), el desplome de Rusia (1998), el desmoronamiento de las Punto.Com (2000) y el descalabro de Argentina (2001). La eclosión financiera del 2008-09 constituye la manifestación más aguda de estos estallidos y abrió una posibilidad de ocaso del neoliberalismo, que hasta ahora no se ha verificado.
El desprestigio ideológico de este esquema no ha impedido su persistencia. Pero el modelo restableció formas descontroladas de funcionamiento capitalista erosionó los diques que morigeraban los desequilibrios del sistema. El capitalismo se ha tornado más ingobernable y opera con niveles de inestabilidad muy superiores al pasado.
El imperialismo neoliberal
¿Cuál son los efectos de esta nueva etapa neoliberal sobre la dinámica imperial? El impacto más visible es la extensión geográfica del capitalismo y el consiguiente incremento de la escala, en que se desenvuelven las acciones imperialistas. El sistema dominante ha logrado un inédito nivel de expansión, especialmente luego del colapso de la Unión Soviética y la paulatina incorporación de China al orden global. Esta ampliación de la esfera capitalista facilitó, a su vez, la consolidación del neoliberalismo.
Se puede establecer cierto paralelo entre esta expansión y la sucesión de conquistas de la periferia que acompañaron al surgimiento del imperialismo clásico. Al principio del siglo XX y al concluir esa centuria, el modo de producción vigente incorporó vastas regiones no capitalistas, a su campo de acción.
Pero la ampliación de esa época absorbía zonas muy atrasadas y de gran subdesarrollo. En cambio en las últimas décadas el ensanchamiento se consumó en regiones que habían comenzado procesos de erradicación del capitalismo.
En múltiples terrenos hay más semejanzas con la posguerra, que con la era precedente. A diferencia de lo ocurrido durante el período clásico, el imperialismo contemporáneo refuerza la asociación económica entre empresas de distinto origen nacional. La mundialización neoliberal imprimió un nuevo impulso a este proceso.
La nueva etapa ha potenciado también la gestión internacionalizada de los negocios que realizan las grandes compañías, fragmentando los procesos de fabricación y lucrando con las diferencias nacionales de productividades y salarios.
Este curso multiplicó la movilidad de los capitales y las mercancías, restringiendo al mismo tiempo el tránsito de las personas. Los capitalistas favorecen el traslado de trabajadores para potenciar la competencia laboral, pero bloquean las corrientes emigratorias que desestabilizan su control de la vida política y social.
Las distintas tendencias en juego tienden a reforzar la asociación internacional de capitales. Esta evolución consolida el principal rasgo económico que diferenció al imperialismo de posguerra de su precedente clásico. La mayor integración diluye las posibilidades de choque entre bloques proteccionistas y acentúa el distanciamiento del periodo actual con la época de Lenin. Algunos autores han introducido el término de “imperialismo neoliberal” para describir el nuevo contexto. Esta noción podría ser utilizada para ilustrar qué tipo de articulación dominante genera a escala mundial, una nueva etapa del capitalismo. (16)
También el rasgo geopolítico que más distinguió al imperialismo de posguerra de su antecesor clásico se ha reforzado en las últimas dos décadas. La ausencia de conflictos bélicos directos entre las principales potencias ha persistido sin modificaciones bajo el neoliberalismo. El acompañamiento de Europa y Japón a las principales agresiones del Pentágono se ha mantenido como un dato clave del escenario internacional.
En las últimas tres décadas no se ha vislumbrado ningún retorno a las tensiones bélicas de principios del siglo XX. Los presagios de esta regresión que se formularon con el resurgimiento de Japón, el fin de la guerra fría o la unificación de Alemania fueron desmentidos por el curso de los acontecimientos. No existe ningún atisbo de reaparición de los bloques militares antagónicos dentro de la tríada.
Las disputas por los mercados y los abastecimientos de la periferia persisten. Pero ninguna potencia está dispuesta a poner en riesgo la continuidad del capitalismo, con agresiones que fracturen el bloque de las economías desarrolladas.
Los conflictos posibles se delinean contra las nuevas sub-potencias, que comienzan a emerger entre varios países con grandes recursos militares, demográficos y naturales o con cierta experiencia de dominación militar a escala regional (China, Rusia, India, Brasil, Sudáfrica). Estas naciones cuentan con prósperas clases capitalistas locales, que buscan ampliar su lugar en el escenario mundial y ya no aceptan el trato periférico del pasado.
El nuevo polo de acumulación asiática y la ausencia de subordinación militar a Estados Unidos por parte de Rusia y China (en contraposición a las restantes clases dominantes del planeta), constituyen dos novedades importantes, en comparación al imperialismo de posguerra. Pero todavía es prematuro evaluar cuál será el efecto de estas modificaciones, en el marco de las tensiones económico-sociales que generan la desigualdad, la exclusión y la marginalidad del capitalismo neoliberal.
Estas tensiones se manifiestan en todos los campos, pero son particularmente visibles en el plano financiero. En los ciclos de prosperidad, el crédito se expande aceleradamente a escala global, a través de los mecanismos creados por la liberalización bancaria. Pero en los períodos críticos, cualquier caída de Wall Street se transmite velozmente a todas las colocaciones especulativas del planeta. La mundialización financiera reduce drásticamente la capacidad que detentaban los estados, para afrontar de manera autónoma esos vendavales. Los dispositivos de contención que se utilizaban con instrumentos cambiarios o monetarios o bancarios han quedado seriamente afectados.
La misma interacción se verifica en el plano comercial. El grado de apertura de todas las economías se amplió significativamente, a través de un ritmo ascendente de las transacciones, que supera el nivel de actividad productiva. Con argumentos de especialización complementaria se generalizaron convenios de libre comercio, que en las fases de prosperidad benefician a las grandes empresas y en los periodos recesivos acrecientan las dificultades de colocación de las mercancías excedentes.Por otra parte, el avance de la internacionalización productiva reestructura la división del trabajo y acrecienta la presencia de las empresas transnacionales en el comercio mundial. Pero esta ampliación potencia también la velocidad de transmisión de los desequilibrios mundiales, especialmente en los cuellos de botella de la inversión y en los trastornos para asegurar la provisión de insumos estratégicos. El imperialismo del siglo XXI está afectado por todos los desequilibrios de la etapa neoliberal.
Este período consolida la modificación radical del escenario clásico que se produjo en la posguerra, con la desaparición de las confrontaciones bélicas entre potencias. El análisis del imperialismo contemporáneo requiere superar la simple repetición de la teoría tradicional y la asignación de vigencia infinita a una etapa específica de principio del siglo XX. Una interpretación actual debe registrar el impacto de la mundialización neoliberal, que ha expandido el radio de acción imperial a todo el planeta, reforzando el rol militar dominante de Estados Unidos. La comprensión de este liderazgo requiere un análisis más detallado.
Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

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domingo, 22 de mayo de 2011

Cuenta regresiva para la Guerra Mundial


Fuente: Aporrea / Luis Britto Garcia

 10
Las reservas mundiales de hidrocarburos se agotarán en poco más de media centuria; el país o pandilla de países que saqueen la energía fósil dominarán durante ese medio siglo.
09
Estados Unidos declara en su plan New American Century que no renunciará a su hegemonía ni a la disposición de los recursos del mundo al costo que sea; la nación o pandilla de naciones que monopolicen la energía fósil dejará al resto del mundo sin ella.
08
Si Estados Unidos y dos o tres títeres europeos pillan todos los hidrocarburos, ello implicará para China, Rusia, India, Brasil y los demás países emergentes la muerte como potencias y como países; algunos de éstos no necesariamente se resignarán a perecer de inanición: Rusia, China, India y Corea tienen cabezas nucleares y otros las están fabricando.
07
Las guerras para el monopolio global del petróleo arrancaron hace dos décadas; secundariamente, persiguen quebrar el espinazo a la OPEP mediante una posible sobreventa en el mercado mundial para impulsar una temporal caída de los precios que desestabilizaría los gobiernos del cartel y los forzaría a privatizar yacimientos e industrias.
06
Dicha sobreventa transitoria disminuiría los ingresos de los grandes monopolios petroleros capitalistas un año pero les daría el control del mundo durante el medio siglo que tardarán en acabar con el planeta aplicando su único plan de sobreexplotación saqueadora y derroche ilimitado.
05
En vano esperarán después la entrega de su parte los países emergentes que con su complicidad, inacción u omisión del veto en el Consejo de Seguridad consientan en este pillaje. La conducta recompensada tiende a repetirse: las guerras de latrocinio de petróleo no pararán hasta el conflicto final.
04
Las guerras mundiales comienzan porque no se detiene a tiempo las locales: cuando Hitler anexó Austria e invadió Checoeslovaquia, en lugar de detenerlo se le legitimaron sus conquistas con el Pacto de Munich. Las guerras, como los incendios, deben atajarse al comienzo, sin lo cual se vuelven inmanejables. La cobarde capitulación de Munich fue el prólogo de la agresión a Polonia y la hecatombe total.
03
Una Guerra Mundial se cierne sobre el planeta. Libia es el Munich de la venidera conflagración global. No olvidemos que el objetivo fundamental de Hitler era el oro negro del Bakú, y que la Guerra del Pacífico estalló porque Estados Unidos le impuso un embargo petrolero a Japón. Setenta años han pasado y la estrategia de las potencias gira más que nunca en torno a los hidrocarburos. En Libia no se debate una cuestión de hegemonía sino de supervivencia planetaria. Unos 320 millones de estadounidenses no pueden usurpar por la fuerza los recursos del mundo y privar de ellos a más de 7.000 millones de habitantes del globo. Éstos tampoco pueden consentir la prolongación de un modelo de uso predatorio de los recursos que llevará a su colapso la civilización.
02
Las guerras locales de saqueo por el petróleo no pueden ser evitadas congraciándose con los agresores, aceptando paquetes neoliberales, abriéndose a las inversiones ni entregando revolucionarios. A las guerras mundiales se las conjura deteniendo las guerras locales, y éstas se evitan venciendo en las guerras parciales internas.
01
Cada conflicto de saqueo por el petróleo estalla tras una guerra parcial de satanización mediática de la víctima. Arranca con otra guerra parcial de patrañas noticiosas y judiciales de terrorismo o protección a los terroristas, narcotráfico y violación de los Derechos Humanos. Revienta con la guerra parcial de la invención de conflictos étnicos o regionales a los cuales se pueda dar visos separatistas. Se desencadena con la injerencia disimulada o abierta de países vecinos que invaden o prestan su territorio a invasores. Sólo la solidaridad internacional de las futuras víctimas y la victoria en estas guerras parciales internas puede conjurar las guerras locales de saqueo y su culminación en la Guerra Final.  O resistimos unidos, o perecemos aislados.
00
Dios nos agarre confesados.
brittoluis@gmail.com

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viernes, 20 de mayo de 2011

"No tenemos a Dios, Pero tenemos a Fidel"

EL COMANDANTE

Es verdad que envejecí. Ciertas tardes en el silencio de los colores he notado la oscuridad que rodea el orbe. A ver si me trae a las mientes mi alba...

Nací verosímilmente al empuñar las armas. En una indefinible playa, donde el arena mucha sangre enjugó, éramos doce (algo extraño me evoca esa cifra...) En la Sierra degollábamos canallas.

La guerra me dio un hermano de armas, era valiente, era el mejor de los hombres. Desapareció en Nancahuazu aún lo lloro.

Mi voz hizo temblar al gigante, le sigo haciendo sombra, nunca rehusé el enfrentamiento.
Mi ejército cruzó el océano, en la legendaria África guerreó, penetrando las hondas selvas de Angola donde los diamantes alumbran la noche.

En aquella agua en cuya busca fueron, y que surge de los altos montes de la Luna, mis soldados se bañaron: una antigua estela de Sidamo lleva mi nombre.

En esas lejanas geografías los cubanos aniquilaron muchos enemigos. El metódico desliz del sol pronto me legará miembros rígidos, una voz extinta y ojos ciegos.

Sirvientas que temblaban al oír mi nombre harán mofa de mi senectud. Recibiré semejante afrenta por no haber caído en la Sierra.

No quiero disimular las injusticias cometidas, las apuradas ejecuciones, los poetas y amigos encarcelados. Que todos sepan, muertos y vivos, que no negaré la sangre vertida ni los años usurpados.

Pero por más humillante que sea mi caída, por mas gastada que esté mi palabra y seco mi cerebro, nada ni nadie nunca jamás podrá quitarme la incontable gloria acumulada desde antaño cuando encabecé en mi isla la mágica guerra.

Nada ni nadie nunca jamás Podrá oscurecer el inconmensurable honor de haber sido el Elegido, el primero y único americano en echar al mar la basura yanqui.

Esa inagotable victoria justifica muchas vidas, perdona muchos errores y me legará, en la memoria de los hombres valientes, unos versos de hierro y un trono de oro.

Gustavo Amorin-Fulle
Bruxelles, septembre 1992.

Profesor de historia en Bruselas, Bélgica. Escribe poesía desde hace más de quince años pero aún no ha publicado su obra; es ciudadano francés de origen uruguayo.



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lunes, 16 de mayo de 2011

Carta a Obama, de Pérez Esquivel (Carta de Nobel a Nobel)

Fuente: CUBADEBATE

Estimado Barack

Al dirigirte esta carta lo hago fraternalmente y a la vez para expresarte la preocupación e indignación de ver como la destrucción y muerte sembrada en varios países, en nombre de la “libertad y la democracia”, dos palabras prostituidas y vaciadas de contenido, termina justificando el asesinato y es festejada como si se tratase de un acontecimiento deportivo.
Indignación por la actitud de sectores de la población de los EEUU, de jefes de Estado europeos y de otros países que salieron a apoyar el asesinato de Bin Laden, ordenado por tu gobierno y tu complacencia en nombre de una supuesta justicia.
No buscaron detenerlo y juzgarlo por los crímenes supuestamente cometidos, lo que genera mayor duda, el objetivo fue asesinarlo.
Los muertos no hablan y el miedo al ajusticiado que, podría decir cosas no convenientes para los EEUU; fue el asesinato y asegurar que “muerto el perro se terminó la rabia”, sin tener en cuenta que no hacen otra cosa que incrementarla
Cuando te otorgaron el Premio Nóbel de la Paz, del cual somos depositarios, te envié una carta que decía: “Barack me sorprendió mucho que te hayan otorgado el Nóbel de la Paz, pero ahora que lo tienes debes ponerlo al servicio de la Paz entre los pueblos, tienes toda la posibilidad de hacerlo, de terminar las guerras y comenzar a revertir la grave situación que vive tu país y el mundo”.
Sin embargo has incrementado el odio y traicionado los principios asumidos en la campaña electoral ante tu pueblo, como poner fin a las guerras en Afganistán e Iraq y cerrar las cárceles en Guantánamo y Abu Graib en Irak , nada de eso haz logrado hacer, por el contrario, decides comenzar otra guerra contra Libia, apoyada por la NATO y la vergonzosa resolución de las Naciones Unidas de apoyarla; cuando ese alto organismo, empequeñecido y sin pensamiento propio, ha perdido el rumbo y esta sometido a las veleidades e intereses de las potencias dominantes.
La base fundacional de la o nU es la defensa y promoción de la Paz y dignidad de entre los pueblos. Su preámbulo dice “Nosotros los pueblos del mundo…”hoy ausentes de ese alto organismo.
Quiero recordar a un místico y maestro que tiene en mi vida una gran influencia, el monje trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky, Tomás Merton que dice” La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atasca nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masas. Sin esa limpieza doméstica no podemos comenzar a ver. Si no vemos no podemos pensar”-
Eras muy joven Barack durante la guerra de Vietnam, tal vez no recuerdes la lucha del pueblo norteamericano por oponerse a la guerra
Los muertos, heridos y mutilados en Vietnam hasta el día de hoy sufren sus consecuencias.
Tomás Merton decía, frente a un matasellos del correo que acababa de llegar “The U.S. Army, key to peace”, “El ejercito U.S., clave de la paz”. Ningún ejército es clave de la paz. Ninguna nación tiene la clave de nada que no sea la guerra. El poder no tiene nada que ver con la paz. Cuando más aumentan los hombre el poder militar, más violan la paz y la destruyen”
He compartido y acompañado a los veteranos de guerra de Vietnam, en particular a Brian Wilson y sus compañeros quienes fueron víctimas de esa guerra y de todas las guerras.
La vida tiene ese no se que, de lo imprevisto y sorprendente de fragancia y belleza que Dios nos dio para toda la humanidad y que debemos proteger para dejar a las generaciones futuras una vida más justa y fraterna, restablecer el equilibrio con la Madre Tierra
Si no reaccionamos para cambiar la situación actual de la soberbia suicida a que están arrastrando a los pueblos a recovecos profundos donde muere la esperanza, será difícil salir y ver la luz; la humanidad merece un destino mejor.
Sabes que la esperanza es como el loto que crece en el fango y florece en todo su esplendor mostrando su belleza.
Leopoldo Marechal, ese gran escritor argentino decía que: “del laberinto se sale por arriba”.
Y creo Barack que después de seguir tu ruta equivocando caminos, te encuentras en un laberinto sin poder encontrar la salida y te entierras más y más en la violencia, en la incertidumbre, devorado por el poder dominación, arrastrado por las grandes corporaciones, el complejo industrial militar y crees tener el poder que todo lo puede y que el mundo está a los píes de los EEUU porque impone la fuerza de las armas e invades países con total impunidad. Es una realidad dolorosa, pero también existe la resistencia de los pueblos que no claudican frente a los poderosos.
Son tan largas las atrocidades cometidas por tu país en el mundo que daría tema para largo, es un desafío para los historiadores que tendrán que investigar y saber de los comportamientos, política, grandeza y pequeñeces que ha llevado a EEUU al monocultivo de las mentes que no le permite ver otras realidades.
A Bin Laden, supuesto autor ideológico del ataque a las torres gemelas, lo identifican como el Satán encarnado que aterrorizaba al mundo y la propaganda de tu gobierno lo señalaba como el “eje del mal”, y eso les ha servido para declarar las guerras deseadas que el complejo industrial militar necesita para colocar su productos de muerte.
Sabes que investigadores del trágico 11 de septiembre, señalan que el atentado tiene mucho de “autogolpe”, como el avión contra el Pentágono y el vaciamiento anterior de las oficinas de las torres; atentado que dio motivo para desatar la guerra contra Iraq y Afganistán y ahora contra Libia; argumentando en la mentira y la soberbia del poder que todo lo hacen para salvar al pueblo, en nombre de “la libertad y defensa de la democracia”, como el cinismo de decir que la muerte de mujeres y niños son “daños colaterales”. Eso lo viví en Irak, en Bagdad con los bombardeos en la ciudad y el hospital pediátrico y en el refugio de niños que fueron víctimas de esos “daños colaterales”
La palabra vaciada de valores y contenido, donde al asesinato, lo llamas muerte y que por fin EEUU ha “muerto” a Bin Laden. No trato de justificarlo bajo ningún concepto, estoy en contra de todo terrorismo tanto de esos grupos armados, como del terrorismo de Estado que tu país ejerce en diversas partes del mundo apoyando a dictadores, imponiendo bases militares e intervención armada, ejerciendo la violencia para mantenerse por el terror en el eje del poder mundial. ¿Hay un solo “eje del mal”? ¿Cómo lo llamarías?
Será por ese motivo que el pueblo de los EEUU vive con tanto miedo a las represalias de quienes llaman el “eje del mal”? El simplismo e hipocresía de justificar lo injustificable.
La Paz, es una dinámica de vida en las relaciones entre las personas y los pueblos; es un desafío a la conciencia de la humanidad, su camino es trabajoso, cotidiano y esperanzador, donde los pueblos son constructores de su propia vida y de su propia historia. La Paz no se regala, se construye y eso es lo que te falta muchacho, coraje para asumir la responsabilidad histórica con tu pueblo y la humanidad.
No puedes vivir en el laberinto del miedo y la dominación de quienes gobiernan los EEUU, desconociendo los Tratados Internacionales, los Pactos y Protocolos, de gobiernos que firman pero no ratifica nada y no cumplen ninguno de los acuerdos, pero hablan en nombre de la libertad y el derecho.
¿Cómo puedes hablar de la Paz si no quieres cumplir con nada, salvo los intereses de tu país?
¿Cómo puedes hablar de la libertad cuando tienes en las cárceles a prisioneros inocentes en Guantánamo, en los EEUU, en las cárceles de Irak, como la de Abu Graib y en Afganistán?
¿Cómo puedes hablar de los derechos humanos y la dignidad de los pueblos cuando los violas permanentemente y bloqueas a quienes no comparten tu ideología y deben soportar tus abusos?
¿Cómo puedes enviar fuerzas militares a Haití después del devastador terremoto y no ayuda humanitaria a ese sufrido pueblo?
¿Cómo puedes hablar de libertad cuando masacras a los pueblos del Oriente Medio y propagas guerras y torturas, en conflictos interminables que desangra a los palestinos e israelitas?
Barack mira para arriba de tu laberinto, puedes encontrar la estrella que te guíe, aunque sepas que nunca podrás alcanzarla, como bien lo dice Eduardo Galeano
Busca ser coherente entre lo que dices y haces, es la única forma de no perder el rumbo. Es un desafío de la vida.
El Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos, nunca para la vanidad personal
Te deseo mucha fuerza y esperanza y esperamos que tengas el coraje de corregir el camino y encontrar la sabiduría de la Paz.
Adolfo Pérez Esquivel
Nobel de la Paz 1980
Buenos Aires, 5 de mayo del 2011

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Noam Chomsky: 10 formas distintas de manipulación mediática


Fuente: Aporrea

6 Mayo 2011 - Noam Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios. En su libro “Armas Silenciosas para Guerras Tranquilas” Chomsky hace referencia a ese escrito en su Decálogo de las “Estrategias de Manipulación”.

1- LA ESTRATEGIA DE LA DISTRACCIÓN.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.´

La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

“Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2- CREAR PROBLEMAS, Y DESPUÉS OFRECER SOLUCIONES.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad.

O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3- LA ESTRATEGIA DE LA GRADUALIDAD.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990

Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4- LA ESTRATEGIA DE DIFERIR.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como”dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.

Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5- DIRIGIRSE Al PÚBLICO COMO CRIATURAS DE POCA EDAD.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental.

Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6- UTILIZAR EL ASPECTO EMOCIONAL MUCHO MÁS QUE LA REFLEXIÓN.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7- MANTENER AL PÚBLICO EN LA IGNORANCIA Y LA MEDIOCRIDAD.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la mas pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8- ESTIMULAR AL PÚBLICO A SER COMPLACIENTE CON LA MEDIOCRIDAD.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9- REFORZAR LA AUTO-CULPABILIDAD.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10- CONOCER A LOS INDIVIDUOS MEJOR DE LO QUE ELLOS MISMOS SE CONOCEN.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes.

Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

(*) Filósofo, activista, autor y analista político. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, reconocido en la comunidad científica y académica por sus importantes trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. Estados Unidos.

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¿Es posible que avance una revolución que no hace de la crítica el principal de sus motores?

Fuente: Nicmer N. Evans / Aporrea
En enero de 2008 fue proclamado por el Presidente la necesidad de aplicar las 3R (revisión, rectificación y reimpulso de las acciones revolucionarias) como consecuencia de la pérdida electoral en el proceso refrendario que buscaba la reforma de nuestra Constitución. En octubre de 2010 se relanzan las 3R ahora al cuadrado, con el fin de atender la disminución de la fuerza electoral detectada en las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre del 2010. Ha sido las 3R y 3R² una política reactiva postelectoral, que me hace pensar si será necesario otro trauma electoral para elevar las 3R al cubo o en lugar de ser una política reactiva se convierta en proactiva y observe los errores cometidos y anticipe los errores que se estén por cometer para su asertiva corrección.  
Las 3R nacen en el marco de la autocrítica necesaria, que sin embargo ha tenido precedentes ampliamente cuestionados por voceros del gobierno y en ocasiones por el mismo Presidente. Para la reconstrucción parcial de algunos episodios autocríticos quisiera mencionar a tres personajes y un evento.  
Cuando hablamos de autocrítica revolucionaria tres personajes me saltan a la mente de manera inmediata: Luis Tascón (expulsado del PSUV), Müller Rojas (quien renunció al PSUV) y Lina Ron (fundadora y retirada del PSUV), personajes hoy lamentablemente fallecidos pero que cada uno en su momento fueron clara expresión de descontento, de posturas críticas, de advertencia ante hechos que se desarrollaron (y aún se desarrollan con sus matices) dentro del proceso revolucionario ¿Quién a estas alturas olvida al “Nido de alacranes” descrito por el viejo Müller, como asiento del Presidente Chávez?  
Por otra parte, el evento más emblemático de los procesos autocríticos fue el realizado el 2 y 3 de junio del 2009, ya hace casi dos años, por el Centro Internacional Miranda (CIM), denominado “Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos por recorrer” donde nos reunimos más de 30 intelectuales, académicos y analistas venezolanos entre otros, comprometidos con el proceso de cambio revolucionario. El objetivo era examinar y discutir en torno a los principales nudos problemáticos que enfrentaba nuestro proceso en aquel momento. Vladimir Acosta, Eva Golinger, Luis Britto, Marta Harnecker, Juan Carlos Monedero, Luis Damiani, Iraida Vargas, Emir Sader, Michael Lebowitz, Ernesto Villegas, Santiago Arconada, Rigoberto Lanz, Miguel Ángel Pérez, Carmen Bohórquez, Víctor Álvarez, Luis Bonilla Molina, Roberto Hernández Montoya, Fausto Fernández, Daniel Hernández, Filinto Durán, Mario Sanoja, Javier Biardeau, José Luis Pacheco, Arístides Medina Rubio, Aram Aharoniam, Miguel Angel Contreras, Gonzalo Gómez, Vladimir Lazo, Roberto López, Rubén Reinoso, Nieves Tamaroni, Rubén Alayón Montserrat, Elio Sayago, José Carlos Carcione, Rafael Gustavo González, Roland Denis, Paulino Núñez y mi persona estuvimos presentes en un espacio ampliamente cuestionado en su momento (que sometió al CIM a la incertidumbre de si sería cerrado) y que creo hoy ampliamente reivindicado por la historia. 
Una de las discusiones centrales del debate giró en torno a lo que es el PSUV, dando así origen a una serie de interrogantes: ¿En qué  se diferencia el PSUV de los partidos políticos tradicionales? ¿Los partidos siguen teniendo sentido en una sociedad compleja? El PSUV ¿Es un partido que debe tener una dirección única o una dirección colegiada? ¿Es conveniente que una persona pueda tomar decisiones al margen de las bases o contra la voluntad de las mismas? ¿Qué futuro tiene un partido donde las bases raramente tienen la oportunidad de expresarse? ¿Deben las bases elegir a los miembros de la dirección o se trata de una decisión no participada en aras de otras razones? ¿No debilita al propio partido que la dirección sea elegida al margen de las bases? ¿Cómo participan las bases en la elaboración de las grandes líneas programáticas, de las directrices del Gobierno y del contenido del socialismo del siglo XXI? ¿No es un problema para el partido que algunos de los funcionarios que están al frente de áreas fundamentales del gobierno sean al mismo tiempo los dirigentes del partido? ¿No conduce a la ineficiencia la acumulación de responsabilidades? ¿Y no es repetir un problema del socialismo del siglo XX el confundir el partido con el Estado?  
Parte de las coincidencias sobre este tema para aquel momento (juzgue usted la vigencia de lo planteado hace dos años) se centraron en asumir que el PSUV debería contar con una dirección colectiva. Que articule efectivamente con  los movimientos sociales de base (no que los utilice en tareas electorales o como correa de transmisión del Gobierno), que derrote el mal del clientelismo partidista y que instituya las bases de un verdadero partido revolucionario reconociendo la libertad de crítica y profundizando la democracia dentro del partido.  
Otro aspecto medular que se analizó en el evento fue al Estado, los dilemas planteados sobre este aspecto fueron los siguientes: Si el Estado ha sido el instrumento que utilizó el neoliberalismo para imponer sus propuestas ¿Tiene que ser también el instrumento para liberarnos del neoliberalismo? ¿Es el Estado una herencia colonial que hay que superar, en otras palabras, no es continuar un debate colonizado el hablar del Estado? ¿El Estado nos devora cuando lo utilizamos o puede ser un instrumento válido para la emancipación? ¿Es posible refundar el Estado? ¿Hay un Estado simbólicamente débil en Venezuela? En caso de que el Estado sea débil ¿es eso una debilidad o una fortaleza en Venezuela? ¿Este Estado puede conducirnos rumbo al socialismo o por el contrario es un freno para ello? ¿Se trata de debilitar el Estado actual o de fortalecerlo? ¿Se trata de inventar un nuevo Estado que puede llamarse comunal o socialista? ¿Cuáles son los rasgos del Estado comunal? 
De igual manera hoy podríamos preguntarnos cuánto hemos avanzado en la transformación de un Estado heredado que después de 12 años lo hemos hecho más grande y por ende más ineficaz, a pesar de los avances legislativos de la estructura formal del Poder Popular y el Estado Comunal. 

El último elemento de dicho evento, apuntó a los modos y formas en que se debe articular la crítica. En el evento se asumió que incluso entre los intelectuales comprometidos con el proceso, la crítica ha perdido parte del espacio que le corresponde, especialmente entre aquellos con alguna responsabilidad institucional. No es difícil encontrar en los medios del proceso comportamientos del socialismo del siglo XX en los que se acusa de “contrarrevolucionario”, de “agente de la CIA” o “quinta columnas” a cualquier persona, incluidas personas con una incuestionable semblanza revolucionaria que formula críticas en voz alta.  Esto debilita fuertemente al proceso, pues el Gobierno deja de recibir insumos para su ajuste, al tiempo que se va construyendo una verdad “oficial”, que se repite aun sin creer en ella, y una verdad popular silenciada pero más real.

Esta pregunta se repitió con frecuencia en el encuentro: ¿Es posible que avance una revolución que no hace de la crítica el principal de sus motores?  
Después de dos años, casi la totalidad de las interrogantes y conclusiones de este evento están vigentes, e incluso han pasado a formar parte del discurso de algunos voceros oficiales o como parte de los reclamos del mismo Presidente sobre el proceso, sin embargo, algunos de los ponentes del encuentro fueron estigmatizados y en la actualidad han sido desplazados, así como lo fueron Tascón, Lina o Müller en su momentos. 
El proceso revolucionario, hoy más que nunca necesita una corriente crítica, que formule propuestas, que esté comprometida con los ideales revolucionarios, pero no atada a la reproducción del discurso oficial, que permita generar los alertas sobre posibles desvíos y acciones que corrijan el rumbo. Sin embargo, la arrogancia de nuestro proceso a veces sólo permite que se hable de las 3R y 3R² o de la crítica necesaria cuando el líder las menciona, para después reposar en un estado de letargo que va allanando el camino al fracaso, como consecuencia de la miseria de aquellos que ven la crítica propositiva y comprometida como un obstáculo para alcanzar o mantener su cuota de poder. 
Me permito aclarar que, a sabiendas que toda crítica debe proponer rutas resolutivas, sin embargo me veo en la obligación de ser tautológico al hablar de una “crítica propositiva” y además “comprometida” para que no quepa duda alguna sobre la postura política de quien escribe. 
Estamos a tiempo de resignificar la crítica dentro del proceso y crear reales canales que permitan no sólo tener espacios de catarsis para la reflexión, sino espacios concretos de acción para la rectificación del camino hacia el socialismo. 
En enero de 2008 fue proclamado por el Presidente la necesidad de aplicar las 3R (revisión, rectificación y reimpulso de las acciones revolucionarias) como consecuencia de la pérdida electoral en el proceso refrendario que buscaba la reforma de nuestra Constitución. En octubre de 2010 se relanzan las 3R ahora al cuadrado, con el fin de atender la disminución de la fuerza electoral detectada en las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre del 2010. Ha sido las 3R y 3R² una política reactiva postelectoral, que me hace pensar si será necesario otro trauma electoral para elevar las 3R al cubo o en lugar de ser una política reactiva se convierta en proactiva y observe los errores cometidos y anticipe los errores que se estén por cometer para su asertiva corrección.  
Las 3R nacen en el marco de la autocrítica necesaria, que sin embargo ha tenido precedentes ampliamente cuestionados por voceros del gobierno y en ocasiones por el mismo Presidente. Para la reconstrucción parcial de algunos episodios autocríticos quisiera mencionar a tres personajes y un evento.  
Cuando hablamos de autocrítica revolucionaria tres personajes me saltan a la mente de manera inmediata: Luis Tascón (expulsado del PSUV), Müller Rojas (quien renunció al PSUV) y Lina Ron (fundadora y retirada del PSUV), personajes hoy lamentablemente fallecidos pero que cada uno en su momento fueron clara expresión de descontento, de posturas críticas, de advertencia ante hechos que se desarrollaron (y aún se desarrollan con sus matices) dentro del proceso revolucionario ¿Quién a estas alturas olvida al “Nido de alacranes” descrito por el viejo Müller, como asiento del Presidente Chávez?  
Por otra parte, el evento más emblemático de los procesos autocríticos fue el realizado el 2 y 3 de junio del 2009, ya hace casi dos años, por el Centro Internacional Miranda (CIM), denominado “Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos por recorrer” donde nos reunimos más de 30 intelectuales, académicos y analistas venezolanos entre otros, comprometidos con el proceso de cambio revolucionario. El objetivo era examinar y discutir en torno a los principales nudos problemáticos que enfrentaba nuestro proceso en aquel momento. Vladimir Acosta, Eva Golinger, Luis Britto, Marta Harnecker, Juan Carlos Monedero, Luis Damiani, Iraida Vargas, Emir Sader, Michael Lebowitz, Ernesto Villegas, Santiago Arconada, Rigoberto Lanz, Miguel Ángel Pérez, Carmen Bohórquez, Víctor Álvarez, Luis Bonilla Molina, Roberto Hernández Montoya, Fausto Fernández, Daniel Hernández, Filinto Durán, Mario Sanoja, Javier Biardeau, José Luis Pacheco, Arístides Medina Rubio, Aram Aharoniam, Miguel Angel Contreras, Gonzalo Gómez, Vladimir Lazo, Roberto López, Rubén Reinoso, Nieves Tamaroni, Rubén Alayón Montserrat, Elio Sayago, José Carlos Carcione, Rafael Gustavo González, Roland Denis, Paulino Núñez y mi persona estuvimos presentes en un espacio ampliamente cuestionado en su momento (que sometió al CIM a la incertidumbre de si sería cerrado) y que creo hoy ampliamente reivindicado por la historia. 
Una de las discusiones centrales del debate giró en torno a lo que es el PSUV, dando así origen a una serie de interrogantes: ¿En qué  se diferencia el PSUV de los partidos políticos tradicionales? ¿Los partidos siguen teniendo sentido en una sociedad compleja? El PSUV ¿Es un partido que debe tener una dirección única o una dirección colegiada? ¿Es conveniente que una persona pueda tomar decisiones al margen de las bases o contra la voluntad de las mismas? ¿Qué futuro tiene un partido donde las bases raramente tienen la oportunidad de expresarse? ¿Deben las bases elegir a los miembros de la dirección o se trata de una decisión no participada en aras de otras razones? ¿No debilita al propio partido que la dirección sea elegida al margen de las bases? ¿Cómo participan las bases en la elaboración de las grandes líneas programáticas, de las directrices del Gobierno y del contenido del socialismo del siglo XXI? ¿No es un problema para el partido que algunos de los funcionarios que están al frente de áreas fundamentales del gobierno sean al mismo tiempo los dirigentes del partido? ¿No conduce a la ineficiencia la acumulación de responsabilidades? ¿Y no es repetir un problema del socialismo del siglo XX el confundir el partido con el Estado?  
Parte de las coincidencias sobre este tema para aquel momento (juzgue usted la vigencia de lo planteado hace dos años) se centraron en asumir que el PSUV debería contar con una dirección colectiva. Que articule efectivamente con  los movimientos sociales de base (no que los utilice en tareas electorales o como correa de transmisión del Gobierno), que derrote el mal del clientelismo partidista y que instituya las bases de un verdadero partido revolucionario reconociendo la libertad de crítica y profundizando la democracia dentro del partido.  
Otro aspecto medular que se analizó en el evento fue al Estado, los dilemas planteados sobre este aspecto fueron los siguientes: Si el Estado ha sido el instrumento que utilizó el neoliberalismo para imponer sus propuestas ¿Tiene que ser también el instrumento para liberarnos del neoliberalismo? ¿Es el Estado una herencia colonial que hay que superar, en otras palabras, no es continuar un debate colonizado el hablar del Estado? ¿El Estado nos devora cuando lo utilizamos o puede ser un instrumento válido para la emancipación? ¿Es posible refundar el Estado? ¿Hay un Estado simbólicamente débil en Venezuela? En caso de que el Estado sea débil ¿es eso una debilidad o una fortaleza en Venezuela? ¿Este Estado puede conducirnos rumbo al socialismo o por el contrario es un freno para ello? ¿Se trata de debilitar el Estado actual o de fortalecerlo? ¿Se trata de inventar un nuevo Estado que puede llamarse comunal o socialista? ¿Cuáles son los rasgos del Estado comunal? 
De igual manera hoy podríamos preguntarnos cuánto hemos avanzado en la transformación de un Estado heredado que después de 12 años lo hemos hecho más grande y por ende más ineficaz, a pesar de los avances legislativos de la estructura formal del Poder Popular y el Estado Comunal. 

El último elemento de dicho evento, apuntó a los modos y formas en que se debe articular la crítica. En el evento se asumió que incluso entre los intelectuales comprometidos con el proceso, la crítica ha perdido parte del espacio que le corresponde, especialmente entre aquellos con alguna responsabilidad institucional. No es difícil encontrar en los medios del proceso comportamientos del socialismo del siglo XX en los que se acusa de “contrarrevolucionario”, de “agente de la CIA” o “quinta columnas” a cualquier persona, incluidas personas con una incuestionable semblanza revolucionaria que formula críticas en voz alta.  Esto debilita fuertemente al proceso, pues el Gobierno deja de recibir insumos para su ajuste, al tiempo que se va construyendo una verdad “oficial”, que se repite aun sin creer en ella, y una verdad popular silenciada pero más real.

Esta pregunta se repitió con frecuencia en el encuentro: ¿Es posible que avance una revolución que no hace de la crítica el principal de sus motores?  
Después de dos años, casi la totalidad de las interrogantes y conclusiones de este evento están vigentes, e incluso han pasado a formar parte del discurso de algunos voceros oficiales o como parte de los reclamos del mismo Presidente sobre el proceso, sin embargo, algunos de los ponentes del encuentro fueron estigmatizados y en la actualidad han sido desplazados, así como lo fueron Tascón, Lina o Müller en su momentos. 
El proceso revolucionario, hoy más que nunca necesita una corriente crítica, que formule propuestas, que esté comprometida con los ideales revolucionarios, pero no atada a la reproducción del discurso oficial, que permita generar los alertas sobre posibles desvíos y acciones que corrijan el rumbo. Sin embargo, la arrogancia de nuestro proceso a veces sólo permite que se hable de las 3R y 3R² o de la crítica necesaria cuando el líder las menciona, para después reposar en un estado de letargo que va allanando el camino al fracaso, como consecuencia de la miseria de aquellos que ven la crítica propositiva y comprometida como un obstáculo para alcanzar o mantener su cuota de poder. 
Me permito aclarar que, a sabiendas que toda crítica debe proponer rutas resolutivas, sin embargo me veo en la obligación de ser tautológico al hablar de una “crítica propositiva” y además “comprometida” para que no quepa duda alguna sobre la postura política de quien escribe. 
Estamos a tiempo de resignificar la crítica dentro del proceso y crear reales canales que permitan no sólo tener espacios de catarsis para la reflexión, sino espacios concretos de acción para la rectificación del camino hacia el socialismo. 





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