"VENEZUELA SE RESPETA"

domingo, 14 de julio de 2013

Industria cultural mediática (Apuntes en 5 Tiempos)

Por Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“El nuevo orden tecnológico consagró al sector de la comunicación en uno de los pilares del orden social. La industria cultural, extraordinariamente diversificada y rentable, permite la generación de códigos que pueden ser transmitidos transversalmente y recibidos en cualquier lugar del mundo. Se ha podido, así, homogeneizar las categorías o las claves esenciales del pensamiento de manera que, en cualquier lugar del mundo, se toman como inexcusables las mismas referencias intelectuales: mercado, competitividad, economía-mundo, individualidad, tecnologización,… constituyen los códigos referenciales y omnipresentes de un nuevo lenguaje muy distinto al de la época inmediatamente anterior. (Estado, solidaridad, rentas, desarrollo…). Se trata del lenguaje homogéneo, único, del neoliberalismo que se vive en la aldea global y en cuya virtud se explica,se racionaliza y se justifica, al mismo tiempo, el universo de la producción y el microcosmo de la individualidad, cuyo encuentro es absolutamente preciso cuando ha desaparecido la garantía institucional del consenso legitimador de antaño”. Juan Torres López (2003)

“Bajo las condiciones actuales, los capitalistas privados controlan las principales fuentes de información (prensa, radio, enseñanza). Por eso es sumamente difícil y, a decir verdad, totalmente imposible en la mayoría de los casos, que el ciudadano individual llegue a conclusiones objetivas”. Albert Einstein

En una época de aceleración tecnológica y complejas transformaciones, los medios de comunicación y las industrias culturales desempeñan un papel clave en la reproducción del capitalismo global. Ellos intensifican el consumo a través de una multiplicación sin precedentes de imágenes, sonidos y datos, además de difundir masivamente ideas y mensajes, fijando ideológicamente la supremacía del mercado en la organización de la vida social. Denis de Moraes (2005)

Nos enfrentamos a una dictadura capitalista global que se manifiesta violenta y crudamente a través del dominio económico, político, social, tecnológico y, sobre todo, en el orden cultural. Toda esa violencia cultural a que la estamos expuesta, a través de los distintos productos de la llamada industria cultural mediática, tiene como objetivo principal: convencer a la gente de que nada es posible en contra de hegemonías, poderes y propiedades dominantes; que lo propio vale poco; que todo lo que se intente para el cambio está condenado al fracaso o a la represión; que tarde o temprano poder es sinónimo de fuerza ajena; que uno se equivoca cuando pretende cambios y el que tiene la fuerza tiene la razón. No es poca cosa lo que se proponen: “adormecer la conciencia de miles de millones de habitantes del globo”.

El sistema capitalista, como ya sabemos y sufrimos, arropa al mundo con sus redes imperialistas de explotación, exclusión, violencia, terrorismo, destrucción del ambiente, necesita para sobrevivir asegurar no sólo la hegemonía económica, tecnológica y militar, sino también implantar su hegemonía cultural e ideológica para: imponer la ideología conservadora de “dominación global” que impera hoy en EE.UU.; inocular sus valores, que no son otros que el afán de lucro, egoísmo, el individualismo, el racismo, la exclusión; controlar los espíritus, domesticar las almas de los pueblos oprimidos; asegurarse de que los oprimidos vivan conforme con la opresión y hasta hagan suyos los valores, patrones de conducta y relaciones sociales capitalistas; imponer la visión estética edulcorada de la casa disney, el patrón de comida chatarra simbolizado por McDonald, los prototipos étnicos, héroes y heroínas de conductas determinadas por Hollywood y la televisión, consumir productos y estilos de vida yanquis; contener las reivindicaciones populares que tratan de adueñarse del poder político; vii) asegurar la sumisión de los pueblos a la dependencia económica, al consumismo y a la cultura capitalista, la cultura de la muerte.  


Para ello, el capitalismo imperialista, consciente de que la comunicación se ha convertido en un sector estratégico de cultura y de ideología ha efectuado un acelerado proceso de concentración que ha dejado la comunicación y la información en manos de unos cuantos productores privados que pueden contarse con los dedos de una mano, y sobran dedos.

Reflexión necesaria:


“La cultura industrial avanzada es, en un sentido específico, más ideológica que su predecesora, en tanto que la ideología se encuentra hoy dentro del propio proceso de producción. En una forma provocativa, esta proposición revela los aspectos políticos de la racionalidad tecnológica predominante. El aparato productivo y los bienes y servicios que produce “venden” o imponen el sistema social como un todo. Los medios de transporte y comunicación de masas, los bienes de vivienda, alimentación y vestuario, el irresistible rendimiento de la industria de las diversiones y de la información llevan consigo hábitos y actitudes prescritas, ciertas reacciones emocionales e intelectuales que atan más o menos agradablemente a consumidor y productor y, a través de éste, al todo. Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad.Y a medida que estos productos benéficos son asequibles a más individuos en más clases sociales, la adoctrinación que llevan a cabo deja de ser publicidad; se convierten en modo de vida. Herbert Marcuse (1968)Industria cultural mediática
“El nuevo orden tecnológico consagró al sector de la comunicación en uno de los pilares del orden social. La industria cultural, extraordinariamente diversificada y rentable, permite la generación de códigos que pueden ser transmitidos transversalmente y recibidos en cualquier lugar del mundo. Se ha podido, así, homogeneizar las categorías o las claves esenciales del pensamiento de manera que, en cualquier lugar del mundo, se toman como inexcusables las mismas referencias intelectuales: mercado, competitividad, economía-mundo, individualidad, tecnologización,… constituyen los códigos referenciales y omnipresentes de un nuevo lenguaje muy distinto al de la época inmediatamente anterior. (Estado, solidaridad, rentas, desarrollo…). Se trata del lenguaje homogéneo, único, del neoliberalismo que se vive en la aldea global y en cuya virtud se explica,se racionaliza y se justifica, al mismo tiempo, el universo de la producción y el microcosmo de la individualidad, cuyo encuentro es absolutamente preciso cuando ha desaparecido la garantía institucional del consenso legitimador de antaño”. Juan Torres López (2003)

“Bajo las condiciones actuales, los capitalistas privados controlan las principales fuentes de información (prensa, radio, enseñanza). Por eso es sumamente difícil y, a decir verdad, totalmente imposible en la mayoría de los casos, que el ciudadano individual llegue a conclusiones objetivas”. Albert Einstein

En una época de aceleración tecnológica y complejas transformaciones, los medios de comunicación y las industrias culturales desempeñan un papel clave en la reproducción del capitalismo global. Ellos intensifican el consumo a través de una multiplicación sin precedentes de imágenes, sonidos y datos, además de difundir masivamente ideas y mensajes, fijando ideológicamente la supremacía del mercado en la organización de la vida social. Denis de Moraes (2005)

Nos enfrentamos a una dictadura capitalista global que se manifiesta violenta y crudamente a través del dominio económico, político, social, tecnológico y, sobre todo, en el orden cultural. Toda esa violencia cultural a que la estamos expuesta, a través de los distintos productos de la llamada industria cultural mediática, tiene como objetivo principal: convencer a la gente de que nada es posible en contra de hegemonías, poderes y propiedades dominantes; que lo propio vale poco; que todo lo que se intente para el cambio está condenado al fracaso o a la represión; que tarde o temprano poder es sinónimo de fuerza ajena; que uno se equivoca cuando pretende cambios y el que tiene la fuerza tiene la razón. No es poca cosa lo que se proponen: “adormecer la conciencia de miles de millones de habitantes del globo”.

El sistema capitalista, como ya sabemos y sufrimos, arropa al mundo con sus redes imperialistas de explotación, exclusión, violencia, terrorismo, destrucción del ambiente, necesita para sobrevivir asegurar no sólo la hegemonía económica, tecnológica y militar, sino también implantar su hegemonía cultural e ideológica para: imponer la ideología conservadora de “dominación global” que impera hoy en EE.UU.; inocular sus valores, que no son otros que el afán de lucro, egoísmo, el individualismo, el racismo, la exclusión; controlar los espíritus, domesticar las almas de los pueblos oprimidos; asegurarse de que los oprimidos vivan conforme con la opresión y hasta hagan suyos los valores, patrones de conducta y relaciones sociales capitalistas; imponer la visión estética edulcorada de la casa disney, el patrón de comida chatarra simbolizado por McDonald, los prototipos étnicos, héroes y heroínas de conductas determinadas por Hollywood y la televisión, consumir productos y estilos de vida yanquis; contener las reivindicaciones populares que tratan de adueñarse del poder político; vii) asegurar la sumisión de los pueblos a la dependencia económica, al consumismo y a la cultura capitalista, la cultura de la muerte.  

Para ello, el capitalismo imperialista, consciente de que la comunicación se ha convertido en un sector estratégico de cultura y de ideología ha efectuado un acelerado proceso de concentración que ha dejado la comunicación y la información en manos de unos cuantos productores privados que pueden contarse con los dedos de una mano, y sobran dedos.

Reflexión necesaria:

“La cultura industrial avanzada es, en un sentido específico, más ideológica que su predecesora, en tanto que la ideología se encuentra hoy dentro del propio proceso de producción. En una forma provocativa, esta proposición revela los aspectos políticos de la racionalidad tecnológica predominante. El aparato productivo y los bienes y servicios que produce “venden” o imponen el sistema social como un todo. Los medios de transporte y comunicación de masas, los bienes de vivienda, alimentación y vestuario, el irresistible rendimiento de la industria de las diversiones y de la información llevan consigo hábitos y actitudes prescritas, ciertas reacciones emocionales e intelectuales que atan más o menos agradablemente a consumidor y productor y, a través de éste, al todo. Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad.Y a medida que estos productos benéficos son asequibles a más individuos en más clases sociales, la adoctrinación que llevan a cabo deja de ser publicidad; se convierten en modo de vida. Herbert Marcuse (1968)
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