"VENEZUELA SE RESPETA"

lunes, 19 de agosto de 2013

Sociedad de consumo (Apuntes en 5 Tiempos)

Por: Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“De un lado, riquezas inmensas y una plétora de productos que rebasan la capacidad de consumo del comprador. Del otro, la gran masa de la sociedad proletarizada, convertida en obreros asalariados e incapacitada con ello para adquirir aquella plétora de productos. La división de la sociedad en una reducida clase fabulosamente rica y una enorme clase de asalariados que no poseen nada hace que esta sociedad se asfixie en su propia abundancia, mientras la gran mayoría de sus individuos no están apenas garantizados, o no lo están en absoluto, contra la más extrema penuria. Cada día que pasa, este estado de cosas va haciéndose más absurdo y más innecesario. Debe eliminarse, y puede eliminarse”. Federico Engels (Trabajo asalariado y capital en Introducción a la obra de Carlos Marx).

Esta expresión nace en las décadas de 1950 y 1960, en particular en las plumas del economista estadounidense John Kenneth Galbraith (1908-2006) y del sociólogo francés Jean Baudrillard, en un momento en que comienzan a emerger las críticas al modo de vida. La sociedad de consumo es el resultado del crecimiento económico inherente al capitalismo. Ensalzado con todo tipo de virtudes, el crecimiento se funda en una necesidad creada e impuesta por el principio de la acumulación del capital y de la ganancia que debe obtenerse de la inversión financiera: la de producir cada vez más y de una forma cada vez más diversificada, con la innovación técnica permanente que exige la competencia entre empresas rivales y para satisfacer únicamente las necesidades solventes. Pero quien dice producción cada vez más abundante para la maximización de las ganancias que exige la economía capitalista, también dice necesidad de un consumo cada vez más extenso y rápido, por la obligación de conquistar nuevas porciones del mercado. Con la pantalla de la globalización, el par consumo-crecimiento se impone de forma progresiva al conjunto del planeta, apoyado por una publicidad cada vez más invasora, creadora de necesidades siempre nuevas y dominado por grupos transnacionales de la producción alimentaria, indumentaria, farmacéutica o automotriz. Además de un modo de vida centrado en el consumo comercial, tiene como consecuencia una explotación ilimitada tanto de los recursos naturales como de los seres humanos, en particular en los países más desfavorecidos.

La única forma de interrumpir ese movimiento nefasto, tanto desde el punto de vista ecológico como humano, es mediante una ruptura con las supuestas “leyes” del mercado libre, supuestamente sujetas al principio de la oferta y la demanda, por medio de un retorno al valor de uso en vez del valor de intercambio. Sólo una economía planificada de forma democrática y centrada en la producción de bienes de equipo duraderos puede ponerse al servicio no de un consumo desenfrenado, sino de la satisfacción de las necesidades fundamentales del hombre [y la mujer]. Controlada por un poder político compartido entre ciudadanas y ciudadanos, se apoya sobre una multiplicidad de empresas de dimensiones limitadas que permiten distintas formas de cogestión, autogestión y apropiación social y que aseguran el pleno empleo. Una economía tal es capaz de responder a las necesidades básicas de la alimentación, la vivienda, la educación, la salud, las comunicaciones y la cultura, respetando los recursos disponibles y su renovación ecológica.

Ver: Attac. Primer Diccionario Altermundista (2008)
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