"VENEZUELA SE RESPETA"

sábado, 3 de mayo de 2014

Cartel petrolero internacional (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“La industria petrolera del mundo capitalista está dominada por el Cartel Petrolero Internacional, coalición monopolista que agrupa a las principales empresas del ramo. El Cartel Petrolero Internacional tuvo su nacimiento en el acuerdo firmado en 1928 en el castillo de Achnacarry (en el norte de Escocia) entre la Standard Oil of New Jersey, la Royal Dutch Shell y la Anglo-Iranian (ahora denominada British Petroleum). Al grupo fundador se unieron de inmediato las demás grandes empresas internacionales con sede en los Estados Unidos, para constituir el núcleo directivo del Cartel.

“Una visión sucinta de su situación actual la hallamos en el reciente libro de O’Connor [El imperio del petróleo] dedicado especialmente al estudio de este tema. ‘Los siete consorcios del cartel controlan todo el petróleo que se extraen de Irán, sexto productor mundial. Tres miembros del cartel-la Jersey Standard, la Royal Dutch y la Socony- componen, junto con la Compañía Francesa de Petróleos, el capital de la Irak Petroleum, que controla la producción del séptimo productor más importante. Otros dos miembros del cartel, la British Petroleum y la Gulf, señorean los pozos de Kuwait, cuarto productor mundial. Cuatro de esos consorcios- la Jersey Standard, la Texaco, la Socony y la Standard de California-poseen el dominio de los yacimientos de Arabia, quinto productor mundial. Tres de ellas, la Jersey, la Royal Dutch y la Gulf –controlan el grueso de la producción venezolana, la cual ocupa el tercer lugar es la escala mundial. Estas siete compañías, con la francesa, controlan el 90 por ciento de toda la producción de petóleo. De los pozos del cartel alrededor del mundo fluye un sorprendente total de diez millones de barriles diarios. Esta riqueza genera un ingreso neto anul de 2. 614 millones de dólares”. Francisco Mieres (1969)

“En esta presentación sumaria de la posición del cartel petrolero internacional dentro del sector respectivo no hemos hecho tampoco mención de los múltiples mecanismos colaterales establecidos y manipulados por esa coalición monopolista para extender y reforzar su dominio y acrecentar sus beneficios. En tal sentido se destacan los instrumentos financieros, los de influencia política y los de propaganda.

Poder financiero

Como es característico en los grupos monopolistas contemporáneos, también en el caso del petróleo se manifiesta una estrecha vinculación de las grandes corporaciones del cartel con poderosas casas bancarias, aseguradoras, de financiamiento y silimares, que actúan como sus agentes en el mercado de capitalesm, a fin de utilizarlos para las finalidades del grupo respectivo: recoger ahorros del público a bajo costo, colocar bonos o acciones de las compañías, financiar empresas débiles para controlarlas o someterlas de algún modo, etc. Esta fusión entre el capital financiero “puro” y el capital productivo no se puede considerar como accesoria o circunstancial; al contrario, ha sido un rasgo tan ligado a la concentración y centralización del capital, que algunos teóricos-tales como Hilferding y Lenin-le dieron al capital monopolista la denominación de “capital financiero”. La experiencia ha demostrado que el capital productivo es el que en definitiva sostiene las riendas del capital monopolista, sirviéndose del capital financiero como de un poderoso instrumento de acumulación”.

Poder político

En cuanto a los elementos del poder político, ya hemos visto ampliamente que no se trata tampoco de una cuestión anecdótica, sino que está consustanciada íntimamente con la magnitud de la concentración monopolística típica de los países capitalistas más desarrollados. Hemos mencionado también algunas vinculaciones de la industria petrolera con el poder político en las grandes potencias. Por eso no abordaremos específicamente el problema de la utilización de su influencia política por el cartel petrolero…

“La industria petrolera ha sido y es, incuestionablemente, la principal protagonista en estas aventuras [guerreristas] del gran capital en las potencias metropolitanas y especialmente en los débiles países concesionistas. El uso del poder político metropolitano-con la utilización de las armas o sin ellas- ha estado indefectiblemente ligado al origen y al sostenimiento de la explotación monopolista extranjera en dichos países, sobre una base colonial o semicolonial preexistente o creada ad hoc. Para comprobarlo no hay más que recordar el status jurídico o de facto en que se encontraban los principales países productores de petróleo, aparte de Estados Unidos, cuando se otorgaron las concesiones (Medio Oriente, colonias o semicolonias británicas; Indonesia, colonia holandesa; Canadá, protectorado británico; Argelia, colonia francesa; y el caso de Venezuela a que hemos aludido: montaje de un régimen títere por intervención armada de Estados Unidos y otras potencias). Estos antecedentes y el peso aplastante de las gigantescas corporaciones internacionales petroleras determinan que éstas se conviertan, por gravedad casi, dentro de los países huéspedes, en un Estado dentro del Estado, y muchas veces en un Estado por encima del Estado local. Es más, la superioridad del “Estado petrolero” sobre los pequeños Estados locales es tan desproporcionada que ya no requiere usar tan a menudo la intervención política abierta y espectacular, pues la manipulación de los simples mecanismos económicos basta para generar presiones suficientemente poderosas como para determinar con frecuencia los cambios a que aspiran las compañías. De ahí que éstas no necesitan la intevención activa de “sus” respectivos gobiernos para la protección de sus intereses sino en casos de conflicto grave, sin que esto signifique que la sola “presencia” de los Estados metropolitanos y su disposición a venir en ayuda de sus súbditos ante cualquier eventualidad amenazante no juegue un importante papel en la “contención” de reformas demasiado audaces por parte de los movimientos nacionalistas”.

Poder comunicacional:

“El tercer y último grupo de elementos mencionados corresponde al uso de los instrumentos de comunicación de masas y de educación, con el fin de aumentar e incluso crear la demanda adecuada para la colocación lucrativa de los productos petroleros, orientar y condicionar la opinión pública a fin de que adopte una actitud favorable o al menos tolerante respecto a las grandes corporaciones, a sus prácticas monopolistas, discriminatorias a menudo contra el consumidor o contra los gobiernos concesionistas. En este sentido, el control de las agencias de publicidad, de empresas especializadas en “relaciones públicas”, de los vehículos de propaganda (periódicos y revistas, radioemisoras y televisoras), de asociaciones patronales (cámaras de industriales o comerciantes, asociaciones de anunciantes), de instituciones de ‘caridad’, filantrópicas, religiosas o ‘culturales’ (fundaciones y similares) y de entidades educativas (escuelas, liceos, universidades) forma parte vital de la estrategia de los monopolios petroleros, al mismo título que los laboratorios de investigación tecnológica, las refinerías y los equipos de perforación. Estos son desembolsos que entran dentro de los ‘costos de de producción’, en que, mientras éstos se traducen en un aumento de la oferta de un producto, aquéllos se proponen simplemente crear o aumentar la demanda para un ‘producto’ de determinada marca, con desmedro de los competidores. Estos ‘costos de venta’, por supuesto, no pueden aumentar la demanda global para los productos similares ni determinan, por tanto, un aumento de la producción, pero sí provocan una elevación del precio que debe pagar el consumidor, quien así financia no sólo los costos de producción y las ganancias monopolistas sino también la propaganda de los monopolios y su dudoso contenido ‘cultural’. Mas tampoco podemos entrar en detalles respecto al vasto aparato mundial de propaganda del cartel petrolero internacional”.

Es evidente que estas actividades ‘colaterales’ del cartel petrolero se mezclan y se complementan entre sí y con el control de la función específicamente productiva para conformar un cuadro indudable de firme dominio monopolístico en la esfera del negocio petrolero en el área capitalista del mundo. Francisco Mieres (1969)

Recomendamos la lectura de:

Mieres, Francisco (1969) El petróleo y la problemática estructural venezolana. Caracas, Venezuela. Instituto de Investigaciones. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de Venezuela. 
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