"EL ESEQUIBO ES DE VENEZUELA"

sábado, 25 de octubre de 2014

Petróleo en la vida venezolana (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“Nuestra historia petrolera, desde la fundación de la OPEP, está plagada de un sinnúmero de hechos donde las empresas transnacionales tratan de contravenir las decisiones soberanas de los Estados, pretendiendo confiscar o ir en contra de los intereses de esos países”. Rafael Ramírez (2008)

“Si a través del petróleo, utilizando el petróleo como instrumento, como mecanismo, nos neocolonizaron, nos borraron buena parte del alma y de la historia nacional; si a través del petróleo y los negocios petroleros el imperio nos inyectó antivalores hasta la médula, valores contrarios a los de la patria; si valiéndose del petróleo, los vendepatria, la quinta columna, la oligarquía venezolana destrozó los valores nacionales y destrozó buena parte del cuerpo de la nación, ahora nosotros, con la misma medicina, con el mismo petróleo y los trabajadores y el negocio petrolero, vamos a resembrar los valores. La misma medicina, el petróleo, la estrategia petrolera; la misma medicina, el contraataque petrolero.

 “Ahora nosotros tenemos Patria. La revolución bolivariana garantiza, a ustedes compatriotas, que aquí se respetan las leyes venezolanas, y que Petróleos de Venezuela es de los venezolanos, y que esta riqueza estará aquí y la utilizaremos de manera racional, inteligente, para el desarrollo social, la educación, la salud, la vivienda, el urbanismo, el desarrollo económico, la agricultura, la producción de alimentos; en fin, para –como decía Bolívar, desde el Orinoco, en frebrero de 1819-: ‘Darle a todo el pueblo la mayor suma de felicidad posible’. El petróleo de Venezuela es para los venezolanos, para el desarrollo nacional, no es de los gringos ni será más nunca de los gringos”. Hugo Chávez (2008)

En Venezuela, no obstante que desde la antigüedad se conocía la existencia del petróleo (…), fue apenas en 1917 cuando se comenzó a explotar comercialmente, hasta convertirse el país en el primer exportador de petróleo del mundo y en segundo productor hasta el año 1960. En 1917 Venezuela exportó 22.253 metros cúbicos y en 1960 produjo 165.613.395 metros cúbicos, a pesar de la concurrencia al mercado internacional del petróleo de los países del Medio Oriente que había sido interrumpida por el cierre del canal de Suez, motivado por el atentado de las potencias occidentales contra el Estado soberano e independiente de Egipto. De esta enorme producción, Venezuela sólo consumió en 1960, 4.693.000 metros cúbicos de derivados (gasolina, diversas clases, 2.464. 000; kerosene 566.000; diesil-gasoil 788.000; fuel oil 617.000; otros 258.000. El resto de la producción, 160.961.073 metros cúbicos (crudo y derivados), fue exportada. Esa desproporción entre la producción y el consumo interno, y el hecho de que esa materia prima esté controlada por trusts extranjeros que retienen en el exterior más del 40% del valor de la exportación, evidencian la mediatización del país por el capital extranjero que ha obstaculizado su desarrollo económico independiente y determinado la situación de subdesarrollado en que se encuentra.

Al observar que el total de la producción entre los años 1917-59 inclusiva, alcanzó la gigantesca cantidad de 12.824 millones de barriles con un valor de exportación de 83.401 millones de bolívares, sería lógico concluir que los escasos 7 millones de habitantes de Venezuela disfrutan de la más plácida holgura. Sin embargo, no es así y, por el contrario, salvo una escasa minoría que se ha beneficiado, el resto de la población vive en las más lamentables condiciones de miseria. ¿Cómo se explica esta aparente paradoja? Por una parte, el petróleo es extraído del subsuelo, refinado y exportado por grandes consocios internacionales, principalmente los grupos Standard de Estados Unidos y Shell ango-holandés. Por la otra, ha predominado un régimen de apropiación latifundista de la tierra con las consiguientes relaciones de producción que han mantenido a la población rural, casi un 50% de la población total del país, en condiciones de vida infra-humanas. Los grandes propietarios de tierra, los trusts imperialistas y los comerciantes importadores en estrecha alianza han integrado, en la pirámide de la sociedad venezolana, la cúspide que extorsiona y explota a la gran masa de la población, pesando sobre el campesino la más dura carga. Salvador de la Plaza (1962) El petróleo en la vida venezolana.

Durante la década 1960-1970 la actividad petrolera constituyó, en el marco de las contradicciones nacionales e internacionales, un factor generador de perturbaciones y conflictos. Los problemas surgidos en la dinámica de dicha explotación eran concebidos con criterios políticos que, por tendenciosos y convencionales, restringían notablemente la interpretación de sus raíces conflictivas. Esa forma de inteligir tales problemas resultaba casi exclusiva de intereses económicos y políticos aferrados a concepciones incompatibles con la estrategia del desarrollo independiente. El tratamiento dado a la problemática del petróleo correspondía a la razón de un sistema que otorgaba privilegios de decisión y expresión a los factores comprometidos con la perpetuación de su establecimiento. En materia petrolera privaban, por eso, los elementos de enajenación sobre las alternativas trascendentes de contradependencia. Era es un rasgo fundamental del ordenamiento sociopolítico constituido. Dentro del mismo ordenamiento emergían no sólo las desviaciones impuestas por mecanismos de presión que mantenían los consorcios extranjeros del petróleo, sino también los efectos negativos del sector público al actuar como agente transmisor de los trastornos ocasionados por el propio sector de hidrocarburos. Únicamente así podía entenderse que la naturaleza exógena de la industria petrolera imprimiera, en no pocos aspectos, tendencias no democráticas a la gestión del Estado.

No existía, como actitud de los poderes públicos en Venezuela, una estrategia de liberación que contemplase opciones concretas de rescate del petróleo. Los beneficios fiscales de este recurso se empleaban como arbitrios de conservación y no de mudanza estructural de la sociedad venezolana. Diríase que, en calidad de riqueza agotable, no se utilizaba ese recurso en forjar riqueza permanente, sino en mantener un sistema que añadía al subdesarrollo mayores ingredientes de pobreza y degradación social. La aplicación presupuestaria de la renta fiscal petrolera parecía contemplarse en un prospecto elaborado con propósitos de narcosis colectiva. De allí que los ingresos provenientes de su explotación hayan sido destinados-por vía de la perversión del gasto público-al fortalecimiento de las estructuras que fundan la permanencia del subdesarrollo de la economía. Se trataba de una riqueza estratégica aplicada en la estrategia de la negación del desarrollo autónomo, con la coparticipación de un Estado que, intervenido en su actuación, carecía de personalidad soberana, y de los consorcios extranjeros del ramo que han hecho caso omiso de las impugnaciones a sus latrocinios.

Los informes oficiales parecen confirmar el crecimiento económico de la nación en los últimos once años de operaciones petroleras. El producto territorial bruto aumentó de 25 433 millones de bolívares en 1960 a 46 744 millones en 1970. Sin embargo, el crecimiento de la economía-en muchos casos más aparente que real-ni siquiera ha compensado el agotamiento progresivo del recurso irrenovable. Tanto la relación entre el ingreso tributario petrolero y los gastos corrientes públicos y de inversión, como la medida del empobrecimiento nacional, constituyen elementos impresciendibles en la determinación del mayor o menor grado de aprovechamiento de la renta fiscal producida por la explotación de los hidrocarburos. Si se confiere validez, stricto sensu, a la tesis de “sembrar el petróleo”, la evaluación de la inversión del ingreso petrolero debe establecerse mediante la relación que en la estructura del presupuesto nacional mantienen los ingresos procedentes de las actividades extractivas y los gastos públicos de capital. En la medida en que los primeros han excedido a los segundos no ha faltado razón para hablar de un empobrecimiento nacional, puesto que no se ha aplicado a la economía del país la inversión equivalente a la magnitud de los ingresos fiscales percibidos por la explotación y consiguiente agotamiento de la riqueza extinguible. Héctor Malavé Mata (1980) Formación histórica del antidesarrollo de Venezuela.

El auge reciente de los ingresos fiscales por exportaciones petroleras constituye un aspecto que merece especial atención. En septiembre de 1973 el gobierno nacional anunció un superávit fiscal de 1 333 millones de bolívares atribuido al aumento de los ingresos petroleros por el reajuste alcista de los valores básicos de exportación, el complemento por fletes y el incremento del precio de la regalía. (…) Debe sin embargo observarse que el incremento estimado para el año 1973 no se originó únicamente en el ajuste ascendente de los valores de exportación, sino tambié en el aumento de la producción de hidrocarburos en los primeros nueve meses de ese año (equivalente a 164 000 barriles diarios) en comparación con el año 1972. El excedente de los ingresos petroleros percibidos por la nación en 1973 se derivó en parte de una mayor extracción de petróleo frente a las crecientes exigencias de los mercados internacionales, con lo cual parecía restablecerse peligrosamente la alternativa de elegir mayores ingresos inmediatos a costa de una mayor producción de hidrocarburos. De tal manera el excedente de la renta fiscal petrolera era sobrestimado en una proporción similar al aumento de la producción con fines comerciales. Héctor Malavé Mata (1980) Formación histórica del antidesarrollo de Venezuela.

Aunque su participación en el mercado mundial se ha reducido a la mitad de los años sesenta, Venezuela es todavía, en 1970, el mayor exportador de petróleo. De Venezuela proviene casi la mitad de las ganancias que los capitales norteamericanos sustraen a toda América Latina. Este es uno de los países más ricos del planeta y, también, uno de los más pobres y uno de los más violentos. Ostenta el ingreso per capita más alto de América Latina, y posee la red de carreteras más completa y ultramoderna; en proporción a la cantidad de habitantes, ninguna otra nación del mundo bebe tanto whisky escocés.  Las reservas de petróleo, gas y hierro que su subsuelo ofrece a la explotación inmediata podrían multiplicar por diez la riqueza de cada uno de los venezolanos; en sus vastas tierras vírgenes podría caber, entera, la población de Alemania o Inglaterra. Los taladros han extraido, en medio siglo, una renta petrolera tan fabulosa que duplica los recursos del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa; desde que el primer pozo de petróleo reventó a torrentes, la población se ha multiplicado por tres y el presupuesto nacional por cien, pero buena parte de la población, que disputa las sobras de la minoría dominante, no se alimenta mejor que en la época en que el país dependía del cacao y del café. Caracas, la capital, creció siete veces en treinta años; la ciudad patriarcal de frescos patios, plaza mayor y catedral silenciosa se ha erizado de rascacielos en la misma medida en que han brotado las torres de petróleo en el lago de Maracaibo. Ahora, es una pesadilla de aire acondicionado, supersónica y estrepitosa, un centro de la cultura del petróleo que prefiere el consumo a la creación y que multiplica las necesidades artificiales para ocultar las reales. Caracas ama los productos sintéticos y los alimentos enlatados; no camina nunca, sólo se moviliza en automóvil, y ha envenenado con los gases de los motores el limpio aire del valle; a Caracas le cuesta dormir, porque no puede apagar la ansiedad de ganar y comprar, consumir y gastar, apoderarse de todo. En las laderas de los cerros, más de medio millón de olvidados contempla, desde sus chozas armadas de basura, el derroche ajeno. Relampaguean los millares y millares de automóviles último modelo por las avenidas de dorada capital. En vísperas de las fiestas, los barcos llegan al puerto de La Guaira atiborrados de champaña francesa, whisky de Escocia y bosques de pinos de Navidad que vienen de Canadá, mientras la mitad de los niños y los jóvenes de Venezuela quedan todavía, en 1970, según sus censos, fuera de las aulas de enseñanza. Eduardo Galeano (1971). Las venas abiertas de América Latina


Notas:
Salvador de la Plaza (1962) El petróleo en la vida venezolana.
Héctor Malavé Mata (1980) Formación histórica del antidesarrollo de Venezuela.
Eduardo Galeano (1971). Las venas abiertas de América Latina


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