"EL ESEQUIBO ES DE VENEZUELA"

sábado, 25 de octubre de 2014

Petróleo y política (Apuntes en 5 Tiempos)

Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI
“La estrecha relación entre el petróleo y la política en Venezuela es un hecho harto conocido, así lo demostraron, desde principios del siglo XX, la instalación de la feroz dictadura de Juan Vicente Gómez, para dar paso al dominio y consolidación de la explotación petrolera en manos de las empresas transnacionales; el derrocamiento del presidente Isaías Medina Angarita, luego de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1943; la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, el periodo de la democracia representativa, la Nacionalización de 1975, el derrumbe de la IV República y el advenimiento de la V República”. Rafael Ramírez C.

“Con el petróleo no debe hacerse “politiquería”. El petróleo, por estar intrínsecamente soldado a la independencia y soberanía de la Nación, involucra un problema que no debe ser objeto de combinaciones electoreras. El petróleo es un problema de tal envergadura y magnitud que frente a él, a la solución que plantea, no puede haber otra posición que la de defenderlo contra quienes lo tienen acaparado y contra quienes se identifican con esos acaparadores que han estado saqueando el país y tienen propósito de continuar saqueándolo. En el fondo, y en la esencia del diálogo, quien ha estado presente en la Nación, desgarrada, atropellada y esquilmada por los trusts y por los criollos antinacionales que de una u otra manera, abierta, encubierta o mesuradamente sirven a la ‘industria privada petrolera’, presionando para que le sean creados ‘incentivos’ y ‘estímulos’, para que sean entregadas a los trusts las Reservas Nacionales petroleras, para que Venezuela no desarrolle su propia industria petrolera y extraiga, refine, trate, transforme y venda en el interior y en el exterior el petróleo y el gas, los productos propiedad de la Nación”. Salvador de la Plaza (1963)

En torno a la pugna por el petróleo ha habido guerras en el mundo, han caído o ascendido gobiernos, y se han tejido en general toda clase de enconadas-y con frecuencia sórdidas luchas por el poder. En nuestro país por ejemplo, a principios de siglo, al gobierno de Cipriano Castro le tocó lidiar con una rebelión financiada por la compañía asfaltera New York & Bermúdez Company, a raíz de un conflicto con la misma; situación que produjo la ruptura de relaciones por parte de Estados Unidos y la propiciación activa de ese país del derrocamiento del gobierno de Cipriano Castro en 1908, para dar paso a la dictadura de Juan Vicente Gómez, mediante la cual el dominio petrolero se entronizaría en Venezuela”.

En las primeras décadas del siglo XX comienza uno de los períodos más importantes de la historia económica y social de Venezuela, porque en él se establecen los elementos fundamentales de la transformación estructural de nuestro país. En ese período la economía nacional continúa en íntima conexión con el mercado capitalista mundial- y de él depende- la propiedad latifundista se incremente a expensas de las tierras de dominio público, y cualitativamente continúa predominando la producción agropecuaria. Pero -esto es lo nuevo- se multiplican las inversiones de capital financiero internacional, se desarrollan de modo incipiente algunos sectores de la industria liviana y, en lo fundamental, se configura una estructura económica que impone a Venezuela la condición de área dependiente de los países imperialistas, cuya política es expresión de las necesidades de los monopolios. Federico Brito Figueroa (Historia económica y social de Venezuela (T.II)

La estructura geológica del subsuelo venezolano, la situación económica, social y política que impera en Venezuela en la primera década del siglo XX, facilitan las inversiones de capital  financiero monopolista en el recurso natural hidrocarburos y, en consecuencia, el fortalecimiento de la penetración imperialista, cuyos antecedentes, en el caso de nuestro país, se remontan hasta los últimos años del siglo XIX, aunque solamente se manifiesta con fuerza a partir de 1900, cuando en los países imperialistas –Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos- se observa el dominio cualitativo de las formas económicas capitalistas de monopolio sobre las típicas del capitalismo de libre concurrencia.

Las condiciones políticas imperantes en Venezuela favorecieron la distribución del subsuelo entre los amos del capital financiero internacional. El país (después de un siglo de guerras sucesivas, primero de la Independencia y luego las llamadas civiles) estaba políticamente dominado por una despótica camarilla de caudillos originarios de la región andina, identificados, como los antiguos régulos militares, con las clases sociales que desde las primeras décadas del siglo XIX fungían de rectoras de la sociedad venezolana. Un siglo de saqueo de los bienes públicos no había bastado para satisfacer sus apetitos de riqueza y (habiendo perdido el sentimiento patriótico nacional manifestado, por ejemplo en la guerra de Independencia) facilitaron, sin escrúpulo alguno, la penetración de los colonizadores contemporáneos.

Reflexión necesaria:

La naturaleza de la alta gerencia quedó abiertamente al descubierto cuando engancharon a PDVSA al golpe de Estado de los empresarios y generales neofascistas, el 11 de abril de 2002, sumando a la empresa al paro golpista mediante atentados y sabotajes.

Los gerentes de PDVSA se unieron a una conspiración dirigida a abolir la Constitución Nacional y derrocar al Presidente Chávez. Fue una acción premeditada en complicidad con un grupo de generales golpistas y la cúpula empresarial. Tenían como finalidad que el gobierno usurpador consagrara la condición de Pdvsa como “empresa-estado”, sin control gubernamental, paso para la privatización y entrega al dominio extranjero.

La paralización de la industria petrolera se llevó a cabo mediante la imposición y la violencia. Al no contar con el apoyo de los trabajadores, los gerentes se dedicaron a sabotear las instalaciones: refinerías, salas de bombeo, pozos petroleros, plantas de gas, oleoductos, transportes, buques petroleros, etc. El 7 de abril fue dañada la refinería de El Palito, en Morón, que produce 130.000 barriles diarios de gasolina. Simultáneamente, cerraron los accesos a los llenaderos de Yagua y Barquisimeto, con lo que bloquearon el transporte de combustible, dejando sin abastecimiento de gasolina al 35 por ciento del país. Al día siguiente, redujeron la producción de la refinería de Amuay, en Paraguaná, Falcón, la más grande del mundo, con una producción de 570.000 barriles diarios. En Anzoátegui, fue saboteada la planta de gas de Anaco que afectó el suministro de energía eléctrica. Uno de los golpes más severos fue el cese de los embarques de petróleo. Más de 10 millones de barriles dejaron de colocarse en el mercado internacional con las considerables pérdidas de ingresos al país.

Los gerentes no ocultaron su afinidad con el gobierno usurpador de Pedro Carmona. Cuando vieron al Presidente Chávez, prisionero de los golpistas y derribada la Constitución y las instituciones democráticas, una asamblea de gerentes y empleados de confianza de PDVSA, declaró abiertamente sus decisiones. Comenzaron con el Presidente Hugo Chávez: “Usted., Sr. Chávez, se va fuera. Lo despedimos. Está fuera”. Enseguida  tomaron otras decisiones: “Declaramos que el convenio comercial con –Cuba, queda roto. Ni un solo barril de petróleo irá a Cuba”. Después tomaron una decisión sobre la OPEP: “Declaramos que no estamos sujetos a ninguna limitación a la producción”. Por primera vez, una empresa del Estado tomaba decisiones sobre política de la competencia del Estado.

El fracaso del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, no condujo a la derrota de la contrarrevolución. La política de impunidad desarrollada a favor de los golpistas por el Tribunal Supremo de Justicia, la complicidad de los fiscales del Ministerio Público y muy especialmente la sistemática y abrumadora campaña de incitación a la violencia, a la desobediencia y al golpe de Estado por parte de los medios de comunicación, debilitaron al Gobierno Revolucionario y que llevó a la pronta recuperación de los cabecillas de la contrarrevolución.

En diciembre de 2002, volvieron a montar un poderoso aparato de agresión contra la Constitución y el Presidente Chávez. Esta vez con los gerentes de PDVSA, jugando el principal papel. La convocatoria de FEDECÁMARAS y la mafia sindicalera adeco-copeyana al paro comercial, industrial y laboral fracasó ruidosamente. A la gerencia petrolera le correspondió asumir la conspiración, también esta vez mediante el sabotaje y los atentados terroristas y con la evidente participación beligerante de agencias y mercenarios extranjeros.

Los gerentes petroleros lograron de nuevo causar daños considerables a refinerías, salas de bombeo, plantas de gas, pozos petroleros y las más diversas instalaciones de la industria. El golpe principal fue dado al paralizar los buques tanques petroleros y el suministro de gasolina. La acción de los buques tanques fue posible porque hubo un abierto soborno de capitanes y oficiales con financiamiento de agencias y “fundaciones” de Estados Unidos y la intervención de empresas de seguros, armadores, etc., de origen norteamericano y europeo.


La derrota de los gerentes petroleros fue una verdadera proeza, porque PDVSA se había constituido en una fortaleza inexpugnable, dominando el corazón y músculo de la economía venezolana, con apoyo de la cúpula empresarial, las mafias sindicaleras, los partidos de la vieja política puntofijista, el poder avasallante de los medios de comunicación y del respaldo político y económico de conocidos círculos de la ultraderecha de Estados Unidos y España. PDVSA, era la “quintacolumna” de los enemigos implacables de la soberanía e independencia de Venezuela, infiltrados para apuñalarnos por la espalda en la primera ocasión propicia que se presentara, no la desperdiciaron.
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